La accesibilidad comunicacional continúa siendo una deuda pendiente en Comodoro Rivadavia. Así lo advirtieron Silvana Seguel y Natalia Vázquez, estudiantes avanzadas de la carrera de Interpretación de Lengua de Señas Argentina–Español, durante una entrevista con Marcelo Vidal en la que expusieron las dificultades que atraviesa diariamente la comunidad sorda.
Las jóvenes explicaron que las barreras aparecen prácticamente en todos los ámbitos: hospitales, escuelas, bancos, dependencias judiciales, organismos públicos y lugares de trabajo. Ante la ausencia de intérpretes, muchas personas deben recurrir a familiares, videollamadas o mensajes escritos para intentar comprender y ser comprendidas.
“Falta mucho conocimiento y concientización sobre la comunidad sorda. Hay muchas barreras todavía por romper”, sostuvo Natalia. También aclaró que la expresión apropiada es “persona sorda”, ya que estas personas poseen cuerdas vocales, aunque su relación con el lenguaje oral puede variar según su educación y las herramientas de accesibilidad que hayan recibido.
Emergencias sin intérpretes
Una de las situaciones más delicadas ocurre durante las emergencias. Natalia contó que recibió llamadas durante la madrugada de personas sordas que habían sufrido un robo y necesitaban explicarles a los policías lo sucedido.
La comunicación se realiza mediante videollamadas, pero depende de que haya un intérprete disponible en ese momento. Cuando esa posibilidad no existe, muchas personas recurren a mensajes breves o a un papel. Esa alternativa tampoco garantiza la comunicación, porque no todas las personas sordas tienen el mismo nivel de lectoescritura en español.
Las intérpretes recordaron que la Lengua de Señas Argentina posee una estructura gramatical propia, completa y diferente del castellano. No se trata de reemplazar cada palabra por una seña, sino de comprender el mensaje y transmitirlo respetando la organización visual y espacial de la LSA.
La falta de accesibilidad también se siente en los hospitales
Silvana relató el caso de un hombre sordo que debía someterse a una operación, pero no comprendía cuál era su lesión ni qué procedimiento médico necesitaba.
“Me decía: ‘Me tienen que operar, pero no sé de qué. Por favor, acompañame’”, recordó. Cuando llegó a la consulta, debió interpretar términos técnicos vinculados con una lesión de ligamentos y meniscos, además de representar visualmente la anatomía de la rodilla para que el paciente comprendiera el diagnóstico.
Natalia mencionó otra experiencia cercana: una mujer sorda atravesó el nacimiento de su hija comunicándose mediante papeles en la recepción, la sala de parto y el posparto, sin recibir de forma accesible toda la información relacionada con su atención.
“En cada lugar donde a nosotros se nos cumple un derecho normal, ellos no lo tienen”, resumió.
Un trabajo profesional que muchas veces termina siendo un favor
Seguel y Vázquez cursan el último año de su formación universitaria en UPATECO, en Salta. Sin embargo, explicaron que realizan numerosos acompañamientos sin recibir remuneración porque los organismos y las instituciones todavía no incorporan servicios estables de interpretación.
“Nos encantaría vivir de esto. Si pudiéramos trabajar como intérpretes, las personas sordas sabrían que pueden ir al hospital, a la Anses o a cualquier organismo y contar con un servicio que les brinde la información completa”, expresó Natalia.
Las interpretaciones extensas requieren equipos de trabajo y relevos cada 15, 20 o 30 minutos debido al desgaste cognitivo. Mientras una persona interpreta, otra debe seguir atentamente el discurso para continuar sin perder el sentido. También puede participar un asesor sordo, encargado de verificar que la información resulte comprensible para la comunidad.
El trabajo exige neutralidad, fidelidad y confidencialidad, especialmente en ámbitos judiciales. Además, antes de una conferencia o actividad pública, los intérpretes necesitan conocer el tema, el vocabulario técnico y la forma de expresarse de los oradores.
Una ley vigente que todavía necesita hacerse realidad
La Ley nacional 27.710, sancionada el 13 de abril de 2023, reconoce a la Lengua de Señas Argentina como una lengua natural y originaria, parte de la identidad lingüística y cultural de las personas sordas.
Su artículo 4 promueve el acceso y uso de la LSA para eliminar barreras comunicacionales, garantizar el acceso a la información, fortalecer la autonomía y asegurar la accesibilidad en las políticas públicas.
Para las entrevistadas, ese reconocimiento todavía no se refleja plenamente en la vida cotidiana. “Es como tener un papel guardado en un cajón: está la ley, pero nada más”, lamentaron.
Sebastián, un mecánico que convirtió las barreras en un emprendimiento
Durante la entrevista con Marcelo Vidal también participó Sebastián, un mecánico sordo que, después de entregar currículums durante aproximadamente dos años sin conseguir empleo, decidió abrir su propio taller.
Contó que posee alrededor de 20 años de experiencia en mecánica, pero que enfrentó numerosos obstáculos para acceder al mercado laboral. Actualmente trabaja junto con su sobrino Kevin, quien aprendió Lengua de Señas a partir de la convivencia familiar y lo ayuda a comunicarse con los clientes oyentes.
Sebastián señaló que el taller representa su posibilidad de mantener a su familia y demostrar que una persona sorda puede desarrollar un oficio y llevar adelante un emprendimiento. Para Silvana y Natalia, su historia también expone una realidad frecuente: muchas personas sordas cuentan con formación y capacidades, pero quedan excluidas por prejuicios y barreras comunicacionales.







