El 24 de junio de 2000, un accidente en la autopista Buenos Aires–La Plata puso fin a la vida de Rodrigo Bueno, el artista que revolucionó el cuarteto y lo llevó desde Córdoba a cada rincón del país. Tenía apenas 27 años y atravesaba el momento más exitoso de su carrera, llenando estadios y encabezando rankings de ventas. Llenaba estadios, encabezaba rankings de ventas y era una de las personalidades más reconocidas del país.
Su vínculo con la música comenzó desde muy pequeño: a los dos años compartió escenario con La Mona Jiménez y a los once debutó junto a Chébere. En 1996 alcanzó la explosión definitiva con el álbum Lo Mejor del Amor, que lo catapultó a la fama nacional con clásicos como Soy cordobés, Ocho cuarenta y Amor clasificado.
En el año 2000 logró llenar trece veces consecutivas el Luna Park, un récord para un artista de cuarteto, y conoció a Diego Maradona, quien inspiró su emblemática canción La Mano de Dios. Su discografía superó los 25 álbumes entre producciones de estudio y registros en vivo. Su obra terminó conformando una discografía de más de 25 álbumes entre producciones de estudio, registros en vivo y lanzamientos.
Lejos de apagarse, su muerte fortaleció el mito. Hoy Rodrigo es considerado uno de los grandes embajadores del cuarteto, género recientemente reconocido por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Su recuerdo permanece vivo en Córdoba, donde Belgrano lo homenajea, y en la continuidad artística de su hermano Ulises Bueno. Club Atlético Belgrano , institución de la que era fanático, suele homenajearlo con acciones especiales y diseños inspiradores. Su madre, Betty Olave , sigue siendo una figura querida dentro del ambiente artístico, mientras que Ulises Bueno mantiene vivo su recuerdo.
A más de un cuarto de siglo de su partida, su voz y carisma siguen presentes en fiestas, estadios y nuevas versiones de sus canciones, consolidando al “Potro” como parte fundamental de la historia de la música argentina.







