Con la edad, los movimientos del cuerpo se vuelven más lentos y menos coordinados. Esta pérdida, que puede llevar a caídas o a una menor independencia, es una parte natural del envejecimiento, pero se ve agravada por enfermedades como el párkinson o el alzhéimer.
Frente a este desafío, investigadores del Tecnológico de Monterrey y del Instituto Politécnico Nacional (IPN) están desarrollando un sistema de neurorrehabilitación no invasivo. Su objetivo es reactivar las áreas del cerebro responsables del movimiento.
“Queremos entender qué ocurre con el rendimiento motor en personas mayores y cómo ayudar a mitigar ese deterioro”, explicó Luis Guillermo Hernández, ingeniero biomédico e investigador del Tec de Monterrey.
¿CÓMO FUNCIONA ESTE SISTEMA?
El proyecto combina tres tecnologías principales:
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Electroencefalografía (EEG): Mide la actividad cerebral mediante electrodos en el cuero cabelludo.
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Estimulación eléctrica transcraneal (EET): Aplica microcorrientes en zonas específicas del cerebro relacionadas con el movimiento.
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Órtesis robótica: Un dispositivo para manos y brazos que ayuda a realizar ejercicios guiados.
El paciente usa un casco con sensores y sostiene la órtesis, similar a un joystick. Al ver flechas en una pantalla que indican una dirección, intenta mover el dispositivo. El sistema registra su precisión, velocidad y fallos.
Si detecta temblores, lentitud o falta de coordinación, la inteligencia artificial activa automáticamente una estimulación cerebral suave (de unos 100 milivoltios) para reforzar las zonas que han perdido actividad. Este proceso es seguro y no invasivo.
ENTRENANDO AL CEREBRO: LA NEUROPLASTICIDAD
La clave de esta tecnología es la neuroplasticidad: la capacidad innata del cerebro para reorganizarse y crear nuevas conexiones neuronales, incluso después de un deterioro.
“El corazón de esta interfaz es la inteligencia artificial”, destacó Hernández. “Puede interpretar cuándo una persona está intentando mover su mano y adaptar la respuesta terapéutica al instante. Actúa como un entrenador neuronal en tiempo real”.
PRIMEROS RESULTADOS Y PRÓXIMOS PASOS
El sistema ya ha sido probado con 30 adultos mayores de más de 50 años. Los investigadores encontraron una diferencia notable en su actividad cerebral comparada con personas más jóvenes, específicamente en las ondas cerebrales vinculadas al control motor.
El proyecto ha alcanzado una fase avanzada de desarrollo (TRL 6) y se encuentra en pruebas clínicas. Los próximos objetivos incluyen ampliar el estudio a pacientes con párkinson y evaluar su uso para la rehabilitación de piernas.
EL FUTURO: REHABILITACIÓN DESDE CASA
El objetivo final es que este sistema pueda usarse en los hogares, haciendo las terapias más accesibles y constantes.
“Soñamos con una versión doméstica, como un casco inteligente que el paciente pueda usar con supervisión médica a distancia”, comentó el investigador. Esto permitiría ofrecer a los médicos datos cuantitativos del progreso del paciente, como el porcentaje de mejora en la activación cerebral.
“No buscamos reemplazar al cuerpo, sino enseñarle al cerebro a moverse otra vez”, resumió Hernández. “Esa es la verdadera innovación: devolverle autonomía a las personas”.







