En tiempos donde las soluciones caseras se imponen por su bajo costo y menor impacto ambiental, una combinación sencilla se volvió tendencia: café usado con bicarbonato de sodio.
El café molido, que habitualmente termina en la basura, conserva propiedades útiles. Al mezclarse con bicarbonato, potencia su capacidad limpiadora, desodorizante y exfoliante.
Entre los usos más destacados figuran:
- Neutralizar olores en heladeras, papeleras o calzado.
- Limpiar superficies como ollas y fregaderos gracias a su textura abrasiva suave.
- Exfoliar la piel de manera natural y económica.
- Repeler insectos, aunque su efectividad varía según el entorno.
La preparación es simple: se mezcla el café seco con una o dos cucharadas de bicarbonato hasta lograr una textura homogénea. Puede aplicarse en seco o con unas gotas de agua para formar una pasta.
La tendencia se explica por su doble beneficio: reutiliza un residuo cotidiano y evita el uso de productos químicos más agresivos, ofreciendo una alternativa práctica y sostenible para el hogar.







