El Aquarium Mar del Plata, clausurado hace cinco meses, sigue en el centro de la polémica por las denuncias sobre el estado de los animales que aún permanecen en sus instalaciones. Aunque el Estado inició el traslado de lobos marinos hacia el exterior, diez delfines nariz de botella continúan en el predio, lo que genera creciente alarma entre activistas, especialistas y vecinos.
La situación impulsó una masiva adhesión a la campaña “Argentina Sin Acuarios” en la plataforma Change.org, que ya reúne más de 777.500 firmas. La petición reclama que los delfines no sean trasladados a otros acuarios, sino a santuarios marinos donde puedan vivir en condiciones más cercanas a su hábitat natural.
El reclamo se sustenta en antecedentes legales que reconocen a los animales como seres sintientes y sujetos de derecho, y exige al Estado información clara sobre el número de especies albergadas, el estado de salud de cada individuo, los destinos de traslado y los procesos de rehabilitación previstos.
En las últimas semanas, organizaciones y vecinos denunciaron malas condiciones de mantenimiento, con estanques deteriorados y agua turbia. La Fundación Fauna Argentina difundió imágenes que provocaron indignación social y llevaron al intendente Guillermo Montenegro a presentar una denuncia penal, además de solicitar inspecciones oficiales urgentes.
La Subsecretaría de Ambiente, a través de la Brigada de Control Ambiental, informó que los delfines fueron evaluados clínicamente y que se encuentran en “buen estado general”. Sin embargo, no se definió aún su futuro inmediato.
En julio, cinco lobos marinos fueron trasladados desde Mar del Plata a República Dominicana, en un operativo supervisado por autoridades nacionales. Para los delfines, el veterinario Adrián Faiella adelantó que el destino sería el Caribe, por sus condiciones ambientales favorables, y que el traslado debería concretarse antes de 2026.
No obstante, organizaciones animalistas insisten en que el traslado solo será aceptable si se realiza hacia santuarios marinos y no hacia nuevos espacios de cautiverio, lo que mantiene abierto un debate que ya es político, social y judicial.
El movimiento de protección animal tiene antecedentes en el caso de la orca Kshamenk, que inspiró en 2015 la creación de la campaña y más tarde el Proyecto de Ley Kshamenk (Expedientes S-1577/22 en Senado y 4131-D-2023 en Diputados). La iniciativa busca prohibir la exhibición y explotación de animales marinos en todo el país y cuenta con el respaldo de activistas, juristas y organizaciones de derechos animales.






