El presidente de Argentina, Javier Milei, proclamó con bombos y platillos en noviembre pasado el fin de la recesión en el país, producto de una leve mejora de la actividad económica desde mayo y la ralentización de la espiral inflacionaria, que mantiene el alza de los precios en un dígito desde hace 10 meses.
Sin embargo, otra crisis subyace de los datos esgrimidos entonces por Milei: la que marca un derrumbe en el consumo, que acumula una caída entre enero y noviembre del 11,9 por ciento en comercios minoristas y del 15 por ciento en mayoristas, según datos oficiales, un escenario que ya comenzó a generar conflictos laborales.
El sector automotriz es uno de los más perjudicados por las medidas de la administración Milei, a pesar de la eliminación de impuestos que bajó los precios al público de autos y camiones de gama media y alta, que oscilan entre los 41 y los 75 millones de pesos (entre 38.000 y 71.000 dólares al cambio oficial).
Y si en Argentina se habla de producción de vehículos y sus autopartes, se refiere casi exclusivamente a la provincia de Córdoba, donde se concentran la mayoría de las plantas de este sector.
Una de ellas es Nissan, que se vio obligada a recortar la producción en su fábrica de Santa Isabel, en las afueras de la capital provincial, ante la caída del proyecto H60E, la nueva generación de la camioneta Frontier.
«Lo que hemos hecho en Argentina fue, a comienzos de año, reducir de dos turnos a un turno, en función de la demanda tanto interna como de exportación. Esa es la acción que hemos tomado en la planta que tenemos junto con Renault», confirmó a la Agencia Bloomberg el presidente de Nissan Latinoamérica, Guy Rodríguez.
La decisión golpea y preocupa a los autopartistas cordobeses, como Maxion Montich, firma que fabrica los chasis de las Frontier y las Alaskan, y que presentó un «Procedimiento Preventivo de Crisis» que podría afectar a 450 de sus 900 operarios, lo que ha puesto en alerta a los sindicatos.
El rubro también siente las esquirlas de la crisis productiva fuera de Córdoba: tras más de medio siglo en esta nación sudamericana, la multinacional Mercedes Benz está a punto de anunciar el traspaso de sus operaciones al empresario argentino Pablo Peralta, lo que generaría el cierre de su planta en Virrey del Pino, en el partido (municipio) de La Matanza, núcleo electoral de Buenos Aires, la provincia más habitada de Argentina.
Toyota, por su parte, abrió un proceso de retiro voluntario para personal jerárquico de su planta de Zárate que alcanzó a 600 trabajadores, la mitad de lo que pretendía la compañía japonesa.
La Asociación de Fábricas de Automotores (Adefa) constató en un informe que, a pesar de haber producido un 32,7 por ciento de vehículos más que en enero de 2024, el primer mes de este año marcó una caída interanual del 27,3 por ciento en las exportaciones.
La producción industrial de Argentina en 2024 retrocedió 9,4 por ciento en el acumulado del año, de acuerdo al Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec).
Hay otra ciudad en Córdoba, Villa Nueva, donde hay una planta de la multinacional alimenticia Nestlé, la cual anunció que frenará su producción durante casi todo marzo y obligará a 189 trabajadores a tomar vacaciones por la baja venta al extranjero y la caída del consumo local.
El rubro también hizo saber su crisis durante la primera semana de febrero, cuando tres de las más grandes empresas del agro argentino, Los Grobo, Sancor y Surcos, se presentaron en concurso preventivo de acreedores por problemas de liquidez, caída de ventas y falta de financiamiento.
Entre las tres suman deudas por 564 millones de dólares y en marzo próximo decidirán en asambleas la definición de nuevos inversores o, en su defecto, la forma en que liquidarán a sus acreedores.
Estos casos se suman al de la emblemática marca Dánica, de fuerte arraigo cultural en las familias argentinas, que en diciembre cerró su planta ubicada en Llavallol –también en la provincia de Buenos Aires– tras 80 años de actividad y anunció el cese de un centenar de trabajadores.
Estos empleados recuperaron sus puestos gracias a la gestión del Sindicato de Obreros y Empleados de la Industria del Aceite (Soeia) y por el rescate del Gobierno bonaerense conducido por el peronista Axel Kicillof, principal rival político de Milei, que abonará parte de los salarios.
Los números que aún sostienen el modelo económico del Gobierno de Milei se explican, en parte, por la caída del consumo y el control natural de los precios, y por una baja operación de la capacidad industrial instalada que, con la salvedad de la actividad de refinación de petróleo, no supera el 66 por ciento en ningún rubro.
De momento, el Ejecutivo mantiene una baja tasa de desocupación, en el orden del 6,9 por ciento, que podría sentir variaciones si el círculo virtuoso de la economía argentina continúa estancado y la cotización del dólar, cuyo atraso cambiario observan diversos analistas, sigue resultando desventajoso para las exportaciones. (Sputnik)







