El Juzgado de Familia de Rawson resolvió mantener la paternidad socioafectiva de un hombre que reconoció y crió a un niño desde su nacimiento, pese a no ser su progenitor biológico. La jueza Daniela Pino consideró que la identidad del menor se sostiene en la crianza real, el cuidado y el vínculo afectivo, y que imponer la filiación genética en este momento implicaría un daño severo a su estabilidad emocional.
La historia comenzó en 2021, cuando el esposo de la madre decidió reconocer voluntariamente al niño en el Registro Civil, aun sabiendo que no era biológicamente suyo. Durante los primeros años, el vínculo se consolidó con el apoyo de los abuelos de crianza, quienes brindaron contención en un período crítico. El padre de crianza asumió incluso la manutención de ambos hijos de la mujer, reforzando su rol como figura paterna.
En 2024, un estudio de ADN confirmó la filiación biológica con otro hombre, pero el niño —de cinco años— no tenía vínculo alguno con él. Ante esta situación, la jueza descartó la posibilidad de una triple filiación y resolvió que el derecho a conocer los orígenes biológicos se garantice mediante acompañamiento terapéutico, para que el menor decida libremente sobre su identidad al alcanzar la madurez suficiente.
El fallo se inscribe en la tendencia de la “desbiologización de la filiación”, que reconoce la importancia de la filiación social y afectiva en la construcción de la identidad. La sentencia reafirma que el interés superior del niño debe prevalecer por sobre cualquier formalidad genética.







