La comunidad de capitanes de pesca rechazan ser responsabilizados por los efectos de la cuotificación del langostino, un esquema que se discute en el Consejo Federal Pesquero y que despierta temores por repetir los desequilibrios laborales que dejó la cuotificación de la merluza.
“Somos meros choferes de los barcos”, graficó Jorge Frías, secretario general de la Asociación Argentina de Capitanes, Pilotos y Patrones de Pesca, al señalar que las decisiones se toman en tierra entre empresarios y funcionarios, mientras los mandos en el mar quedan excluidos de la discusión.
El dirigente recordó que la concentración de cuotas en manos de pocas firmas derivó en buques amarrados y marineros sin trabajo garantizado. Por eso, exige que el sector trabajador no quede relegado y que se reconozca su rol en la administración de un recurso que pertenece a todos los argentinos.
La tensión se agrava porque el recurso migró hacia la Patagonia, obligando a empresas de Mar del Plata a operar desde puertos chubutenses. Esto transformó la geografía de la industria y exige fortalecer la infraestructura local para evitar repetir el desorden histórico de la pesca olímpica.
Frías también subrayó la necesidad de profesionalizar la formación de tripulaciones mediante el CESMAR, con vistas a crear un instituto universitario que prepare a los futuros marineros para la navegación moderna. Además, destacó el avance de las mujeres del mar, que presionan por una legislación pesquera más equitativa.
Sin una mesa de trabajo que integre la experiencia operativa de los capitanes, la cuotificación del langostino amenaza con repetir los desequilibrios económicos y sociales del pasado.







