Un nuevo escándalo sacude el mundo de las redes sociales y el streaming. En el centro de la polémica se encuentra «La Coqueta», una de las influencers más populares del momento, tras conocerse los millonarios montos que exige para participar en entrevistas o transmisiones en vivo.
El periodista especializado en espectáculos @FedeFlowersok fue quien encendió la mecha al revelar que la influencer estaría solicitando la suma de $200.000 por una hora de streaming. Además, quienes deseen entrevistarla deben asumir el costo de su traslado en Uber, según trascendidos.
La noticia generó una fuerte reacción en redes sociales, donde usuarios y productores debatieron intensamente sobre la validez de estas cifras, en un contexto donde muchos creadores de contenido buscan visibilidad sin contar con grandes presupuestos.
Influencers, fama y negocios: ¿dónde está el límite?
Este episodio pone en evidencia un fenómeno cada vez más común: el auge del «caché digital», es decir, los valores que algunos influencers imponen para participar en proyectos, entrevistas o colaboraciones. Si bien el crecimiento del marketing de contenidos ha llevado a que figuras de las redes se conviertan en marcas en sí mismas, las tarifas elevadas también abren interrogantes éticos y comerciales.
“Es lógico que cobren, pero hay que ver si esos montos no terminan siendo una barrera para medios chicos o proyectos independientes”, opinó una productora de podcast en X (ex Twitter).
Otros usuarios defendieron a la influencer, argumentando que la exposición y el engagement que genera su presencia justifican el valor económico, y que cada figura tiene derecho a poner precio a su tiempo.
Una discusión que no se apaga
Más allá del caso puntual de “La Coqueta”, el debate refleja un cambio profundo en la industria de los medios: la creciente profesionalización de los creadores de contenido y los nuevos códigos que rigen el vínculo entre influencers y medios tradicionales.








