La historia de Víctor Hugo Saldaño lleva casi treinta años marcada por el encierro y la pena capital. El cordobés permanece en el corredor de la muerte de Texas desde 1996, tras ser condenado por el asesinato de Paul Ray King durante un robo en 1995.
El caso alcanzó notoriedad internacional cuando la Corte Suprema de Estados Unidos anuló en 2000 la primera condena, al considerar inconstitucional que se usara la raza como factor de peligrosidad futura. Sin embargo, en un segundo juicio en 2004, Saldaño volvió a recibir la pena de muerte, esta vez sin ese argumento racial.
Desde entonces, su defensa insiste en que el aislamiento extremo —23 horas diarias en celda— provocó un grave deterioro psicológico y cognitivo, con episodios psicóticos e intentos de suicidio. Los abogados sostienen que su estado mental actual debe ser tenido en cuenta antes de cualquier ejecución.
Mientras tanto, su madre, Lidia Guerrero, continúa desde Argentina una lucha incansable para evitar que la sentencia se concrete. Hoy, Saldaño no tiene fecha de ejecución fijada, pero sigue bajo la amenaza constante de la pena capital.







