El Observatorio de Economía de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco determinó que el endeudamiento familiar en la Patagonia es tan real, doloroso y desintegrador como en el resto del país.
En el trabajo, “Endeudamiento familiar como Fenómeno Multidimensional en Argentina y Patagonia (2024-2026), se remarca que “la morosidad familiar alcanzó niveles récord (12,3% en bancos; 29,6% en billeteras virtuales), superando los picos de la pandemia y acercándose a los de la crisis de 2001.
También se indica que, ante la falta de efectivo, la tarjeta de crédito se consolidó como líder, siendo utilizada en el 45% de las operaciones, mientras que «otros medios» (QR y billeteras) crecen a un ritmo exponencial (+60,7% interanual).
“Esta digitalización, aunque facilita las transacciones, expone a los consumidores al crédito digital, especialmente en el segmento de billeteras virtuales, donde la mora alcanza el 29,6%.”, se acota.
Para certificar la implicancia del uso de las tarjetas y otros medios de pago, a los que evidentemente se recurre por falta de dinero más que por comodidad, en el trabajo se señala que 5,8 millones de argentinos se encuentran en situación de mora, de los cuales 3,4 millones deben exclusivamente a billeteras virtuales. “El crédito se ha transformado en una herramienta de subsistencia, utilizada para cubrir gastos básicos ante la caída del salario real”.
Un problema que no es solo económico
Al comprar con tarjetas o billeteras virtuales, los usuarios se endeudan con “un sistema financiero que captura recursos de los hogares a través de la brecha entre tasas activas y pasivas. Los ahorristas pierden poder adquisitivo (tasa real negativa), mientras que los deudores pagan tasas que duplican o triplican la inflación. El aumento de la morosidad, lejos de reducir el spread, lo amplía: los bancos exigen una prima mayor para compensar el mayor riesgo de incobrabilidad”, se acota.
En el estudio se recuerda que “la deuda no es solo un problema económico; es un síntoma de una sociedad que ha perdido la capacidad de garantizar el bienestar básico de sus ciudadanos. Resolver la crisis de morosidad requiere no solo ajustar tasas de interés o reprogramar pagos, sino reconstruir un contrato social que devuelva a las familias la posibilidad de planificar su vida sin la sombra constante de la deuda.
Provincia por provincia
El estudio se realizó con datos del INDEC, BCRA, CEPA, CENDEU, Invecq, y con un relevamiento propio de supermercados y mayoristas de mayo-junio 2026.
En la Patagonia la provincia con mayor endeudamiento familiar es Santa Cruz, con un 31,2%. La contracara es Neuquén, con un 24.6%, en función del dinamismo de Vaca Muerta. Chubut se ubica en un 27.2%, por arriba de Río Negro con el 26.0%, y apenitas debajo de Tierra del Fuego con el 27.7%
La morosidad en billeteras virtuales es el principal desafío en toda la región, con tasas que duplican o triplican a las de los bancos.
Los perfiles y edades
Los datos duros indican que más 1 de cada 4 deudores (27,9%) está en situación de mora. La mayoría de los morosos (3,4 millones) corresponde exclusivamente a billeteras virtuales, reflejando la expansión del crédito de subsistencia en sectores vulnerables.
La cantidad de deudores morosos totales casi se duplicó (+76%) entre febrero de 2024 y mayo de 2026.
Una situación alarmante es el endeudamiento de los jóvenes de 18 a 24 años donde 4 de cada 10 créditos, el 40.9%, tomados por ese sector está en mora. De 18 a 34 años, el 38,4% están en mora.
El 80% de los jóvenes endeudados utiliza billeteras virtuales como principal fuente de financiamiento.
La morosidad muestra una fuerte dispersión entre entidades. Carrefour Banco alcanza el 52,7%, Ualá el 24,6%, mientras que Banco Nación (7,9%) y Banco Ciudad (6,6%) se ubican muy por debajo del promedio.
Por sector empresarial: La construcción registra los niveles más altos de morosidad (6,6%), seguida por alojamiento y servicios de comida (6,9%) y comercio (5,1%).
No es un problema individual
“El endeudamiento ha dejado de ser un problema individual para convertirse en una crisis social estructural. Como señala la socióloga Luci Cavallero, «el endeudamiento organiza lo social: las familias organizan sus presupuestos alrededor de los vencimientos de tarjetas y préstamos, y las deudas generan conflictos familiares, amenazas y situaciones de violencia en distintos barrios del país. El fenómeno afecta de manera desigual a los distintos estratos sociales. La expansión de las deudas no puede analizarse únicamente desde la responsabilidad individual o la educación financiera: «la idea de que el endeudamiento es un fracaso personal termina ocultando que hay un problema estructural de ingresos». Las clases medias se endeudan para sostener su nivel de vida, mientras que los sectores populares recurren al crédito de subsistencia, muchas veces a través de prestamistas informales o billeteras virtuales.
El sobreendeudamiento genera un círculo vicioso que profundiza la exclusión financiera: las familias se endeudan para sostener el consumo básico, no pueden pagar y quedan fuera del sistema crediticio formal, lo que las obliga a recurrir a financiamiento informal o billeteras virtuales con tasas más altas. El stock de préstamos al sector privado pasó de representar el 5% del PBI en julio de 2024 al 12% a fines de 2025, pero este crecimiento fue acompañado por un fuerte incremento de la morosidad.
“La deuda genera un impacto profundo en la salud mental: ansiedad crónica, culpa, vergüenza, insomnio y depresión. Expertos en salud mental afirman que «el silencio por la vergüenza genera insomnio y depresión» y que la deuda se ha convertido en una preocupación que se sufre en soledad. «Las personas no callan el monto, sino el sentimiento de fracaso y la vergüenza de admitir que ya no pueden pagar.» — Martín Wainstein, psicólogo de la UBA






