El cristal cruje bajo los pies de Bohdan Chernukha mientras camina por el esqueleto calcinado de lo que era un refugio para cientos de familias. El aire en Kiev aún huele a pólvora y polvo después de una noche devastadora. Un ataque masivo de Rusia, con 405 drones y 28 misiles, golpeó principalmente barrios civiles e infraestructuras energéticas, dejando un paisaje roto en el corazón de Ucrania. Frente a un edificio destruido, Bohdan resume la tragedia con un susurro: “Tenemos un edificio destruido. Este es su mundo… esta es su paz”.
La devastación en las calles
Trabajadores comunales barren fragmentos de vidas interrumpidas. Nadiia Zinchuk, empleada de una tienda y residente del edificio dañado, espera afuera con sangre seca en la mejilla. Recuerda el momento exacto: las 7:20 de la mañana, un vidrio rompiéndose por una explosión, el pánico absoluto.
—“Sentí un dolor agudo en la cara. Era vidrio… empecé a gritar, no supe qué hacer. Creí que eran lágrimas, pero me sangraba la mano”— cuenta, mientras atiende una llamada urgente.
El ataque dejó al menos seis muertos en todo el país y 17 heridos, incluyendo cinco niños en Kiev. Las defensas ucranianas neutralizaron 333 drones y seis misiles, pero 55 drones y 12 misiles impactaron zonas residenciales y energéticas.
Testimonios de resistencia y escepticismo
Olena Tkachenko, de 47 años, recorre las calles familiares ahora extrañas, midiendo el daño y pidiendo ayuda a Europa: “Si nos escuchan y nos ayudan, quizá logremos un acuerdo de paz”. Pero describe el miedo: “Después del ataque, recorrimos el barrio y había muchísimos edificios con las ventanas reventadas. Daba miedo”.
Nadiia rechaza las negociaciones: “¿De qué tipo de acuerdo de paz podemos hablar cuando la gente muere así? Aquí vivían estudiantes, no había soldados”.
Iryna Zelena, vecina del edificio, expresa duda: “No creo en esas negociaciones. No veo un final para todo esto”.
Una ciudad bajo los escombros
Policías acordonan áreas, investigadores examinan restos de drones rusos, y residentes comparten historias. Automóviles destrozados yacen en el polvo, mientras una mujer abraza a su perro y una niña mira al cielo. Los servicios de emergencia rescatan a los atrapados, reparten cobijas y luchan contra la resignación.
En Kiev, la paz parece un sarcasmo bajo las ruinas. “Esta es su paz”, repite Bohdan, y la frase queda suspendida como el único acuerdo posible.







