Este miércoles 13 de agosto, Carlitos Balá hubiera celebrado su cumpleaños número 100. Aunque físicamente ya no está, su espíritu permanece en el corazón de millones de argentinos que crecieron con sus ocurrencias, así como en el de su familia y, en especial, su esposa Martha Venturiello, “Marthita”, con quien compartió más de seis décadas de amor y dos hijos: Martín y Laura.
Nacido en 1925 en el barrio porteño de Chacarita como Carlos Salim Balaá, hijo de un inmigrante libanés y una argentina descendiente de croatas, desde joven mostró un humor natural. Sus primeros “escenarios” fueron los colectivos de la línea 39, donde hacía reír a pasajeros y choferes. Luego llegaron la radio, la televisión, el teatro, el cine y el circo, con programas y películas que lo consagraron como un ícono del entretenimiento familiar.
Su historia de amor con Martha comenzó en un casamiento, donde él quedó flechado a primera vista. A fuerza de humor y ocurrencias, conquistó su corazón y juntos construyeron una vida marcada por la humildad, el afecto y la risa, incluso lejos de las cámaras.
Balá dejó frases que se grabaron en la memoria popular como “¿Qué gusto tiene la sal?”, “Un gestito de idea” o “Sumbudrule”, y un legado que trasciende generaciones. Hoy, a 100 años de su nacimiento, su recuerdo sigue arrancando sonrisas.







