Nazario Araujo cumple hoy 80 años y su historia sigue corriendo fuerte en la memoria de Comodoro Rivadavia y del deporte argentino. No solo fue un atleta destacado, sino también un símbolo de esfuerzo, humildad y superación.
Aunque nació en Santa Cruz, fue en Comodoro donde encontró su lugar en el mundo. Comenzó a entrenarse a los 12 años bajo la guía de Antonio Pocoví y descubrió su pasión por la resistencia y el fondo, disciplinas que lo llevarían a convertirse en uno de los maratonistas más importantes del país en las décadas del ’60 y ’70.

Araujo fue campeón nacional en los 1.500 y 10.000 metros llanos. Sin embargo, su mayor hazaña fue alcanzar dos veces la marca mínima para competir en los Juegos Olímpicos: representó a la Argentina en México 1968 y Múnich 1972. Así se convirtió en el primer atleta formado en Chubut en llegar a una cita olímpica.

Su trayectoria marcó un antes y un después. Hoy, referentes del fondo como Eulalio Muñoz y Joaquín Arbe lo reconocen como un pionero que abrió camino desde el sur profundo.
Pero Nazario fue mucho más que un deportista. Era común verlo en veladas boxísticas —su padre fue entrenador—, espectáculos musicales o caminando por las calles de su barrio, siempre con una sonrisa. En las concentraciones leía, conversaba de todo y enseñaba con el ejemplo.

Con el tiempo, canalizó su vocación de guía en el Club Deportivo Portugués y fundó la Agrupación Atlética Nazario Araujo (ANA), que lleva su nombre y su espíritu formador.

A los 80 años, «el profe» sigue siendo una inspiración viva. No solo corrió maratones, corrió la vida con valores, pasión y un compromiso que lo hace eterno en la historia del deporte patagónico.








