Marcelo Iripino junto a su esposo, Marcelo Frezzia, y su perro Rocco regresaron a Argentina. Aunque el sueño de comenzar una nueva vida en Estados Unidos parecía prometedor, pronto se encontraron enfrentando desafíos emocionales y de adaptación que los llevaron a tomar la difícil decisión de regresar.
Iripino relata cómo la idea de mudarse a Miami surgió a partir de la oportunidad de obtener una green card, la cual le permitiría trabajar legalmente en Estados Unidos. Sin embargo, una vez instalados en Miami, se enfrentaron a dificultades inesperadas. A pesar de tener amigos en la ciudad y haber visitado el lugar en numerosas ocasiones, la experiencia de establecerse allí resultó ser mucho más compleja de lo que habían anticipado.
El coreógrafo describe cómo, a medida que pasaba el tiempo, comenzó a experimentar síntomas de depresión y ansiedad, lo que lo llevó a buscar ayuda profesional. A pesar de intentar adaptarse y trabajar en proyectos laborales, la sensación de descontento persistía, y finalmente, tanto él como su esposo tomaron la decisión de regresar a Argentina en busca de su felicidad y bienestar emocional.
Iripino puso en valor la importancia de reconocer y priorizar la salud mental y emocional sobre otros aspectos de la vida, incluso cuando esto implica renunciar a oportunidades aparentemente tentadoras. Aunque el intento de vivir en Miami no resultó como esperaban, valora la experiencia como un aprendizaje y está agradecido por haber recuperado su conexión con su país y su gente.
Actualmente, el coreógrafo se encuentra enfocado en su próximo espectáculo, «Un cacho de mi vida», que debutará en Buenos Aires y posiblemente se presente en otras ciudades de Argentina. A pesar de los desafíos enfrentados, se muestra optimista y entusiasmado por los proyectos futuros en su país natal.







