El poeta Hugo Rivella sorpendió a todos cuando, al abrir ayer la segunda luna de Cosquín, leyó un poema que incluyó una dura crítica al presidente Javier Milei.
Las palabras de Rivella, que tuvieron una importante repercusión en redes, no solo fue un posicionamiento personal sino también una respuesta artística al “ruido” que hizo la participación de Milei en el Festival de Jesús María, donde fue cobijado por el chaqueño Palavecino.
El poema:
Abrir el corazón
arrojar la primera piedra
no es lo mismo que hacerla mi primera pregunta.
Hoy necesito que nos miremos dentro
que miremos en dónde estuvimos
cuando esta patria que es una herida
que va del norte al sur de los olvidos
Envejece el niño tirado en la vereda.
Pero regresen las rondas que hombres y mujeres construyen
para derrotar sin pausas a la muerte.
Esta plaza en Cosquín, este pueblo
es un ejemplo de lucha, identidad y resistencia.
Hoy debo confesar que he traicionado
más de una vez lo que pensaba.
Que arrojé contra el espejo una piedra
y se quebró mi corazón.
Porque vi arrugas y sombras en mi rostro
y me vi en los restos del espejo sollozando.
He sido conmigo tan exigente como soy con los demás
uno falta el respeto a los que nos sostienen.
Si es con el hijo pareciera que tenemos el derecho a levantar la voz,
humillar sus primeros pasos y después intentar lavar la culpa
cuando lo acariciamos o ponemos en sus manitos una moneda.
Y si es con la mujer que es cómplice y amante y es torrente,
y es madre, y es música y es sosiego y es ternura, y digo más:
palabra inteligente, remolino, quietud, desasosiego.
¿No hemos sido con ella más de una vez intolerantes,
por no decir soberbios, atrevidos, machistas, ordinarios, mentirosos?
Abrir el corazón como si estuviera hecho de pétalos,
y soplarlo sobre el niño inocente.
Soplarlo sobre el corazón del juez, del traidor, del narcotraficante,
del político que se cree un león y es apenas una rata gritando desaforado.
Abrir el corazón, que pasen los ríos con sus sueños de peces,
y pasen las abuelas, y pasen los travestis, y pase el indignado y pase el diferente,
y pase la calesita con todos sus caballos.
Y al último pasemos nosotros a cara descubierta.
Hoy quiero caminar sin sentirme culpable
de no haber hecho lo que tenía que hacer.
Mirar a los ojos a la mujer que amo
y pedirle perdón por tanta furia de papel que llevo adentro.
Mirar a los amigos y abrazarlos
sentir que juntos prolongamos el sueño de sabernos más limpios.
de saber que es posible compartir secretos y romper murallas.
Sentir que la poesía viene de la rosa más simple del planeta,
que la palabra amor aplasta al poderoso y salva al desahuciado.
Abrir el corazón, impedir la injusticia,
y no se desmorone Dios sobre la cruz del Hijo.
Arrojar la piedra es hacernos la primera pregunta
y también darnos la primera respuesta.
¿He amado al otro como a mí mismo?
¿He sido lo que soy o lo que imagino?
¿He compartido el pan, mis alegrías?
Que lo que diga hoy en esta plaza
no sea el rostro de Judas que aún sigue traicionando
la voz que lo ha salvado.
Abrir el corazón y no arrojar la primera piedra.
Esa es la cosa, abrir el corazón.





