El duelo de vuelta por los octavos de final de la Copa Sudamericana entre Independiente y Universidad de Chile, disputado en Avellaneda, terminó en un verdadero escándalo. Lo que debía ser una fiesta de fútbol se vio empañado por serios incidentes en las tribunas que obligaron a suspender el encuentro.
El inicio de la violencia
Ya en el primer tiempo comenzaron las tensiones cuando desde la parcialidad chilena se arrojaron proyectiles hacia los hinchas locales ubicados en las populares conocidas como Gargantas del Diablo y la tribuna inferior. Pese a la intervención de seguridad, la situación quedó latente y el clima en el estadio se tornó tenso.
Descontrol en el segundo tiempo
Tras una calma relativa en el entretiempo, la violencia se reanudó con más intensidad en el inicio del complemento. Desde la tribuna visitante comenzaron a volar piedras, butacas, palos y bombas de estruendo. Varios simpatizantes resultaron heridos y la reacción no tardó en llegar: hinchas del Rojo respondieron a las agresiones.
El árbitro no tuvo más alternativa que detener el partido y enviar a ambos equipos a los vestuarios. Minutos más tarde, la organización confirmó la suspensión definitiva del encuentro.
Corridas dentro y fuera del estadio
El operativo de desalojo se tornó caótico. Si bien la mayoría de los simpatizantes de Universidad de Chile fue evacuada, un grupo quedó en la tribuna superior y terminó siendo atacado por hinchas locales que lograron acceder a esa zona en busca de revancha.
La violencia también se trasladó a las inmediaciones del estadio Libertadores de América – Ricardo Enrique Bochini, donde se registraron corridas y enfrentamientos aislados.







