En medio del ajuste económico implementado por el gobierno de Javier Milei, el empleo registrado privado se mantuvo más estable de lo esperado. Una de las razones principales fue el crecimiento sostenido del trabajo independiente a través del régimen de monotributo, que hoy representa una vía de escape para miles de trabajadores, especialmente jóvenes con estudios terciarios o universitarios.
Según datos oficiales, el número de monotributistas y autónomos pasó de 1,7 millones a 2,5 millones entre 2021 y enero de 2024, lo que representa un crecimiento del 47% en apenas tres años. El fenómeno no es nuevo, pero se intensificó en los últimos tiempos debido al estancamiento del empleo formal y al encarecimiento de los costos operativos para las empresas.
“El monotributo se transformó en la única opción para muchos profesionales que no consiguen trabajo en relación de dependencia, pero necesitan facturar para sobrevivir”, señaló un analista del mercado laboral consultado por Noticias Argentinas.
Las compañías también ven con buenos ojos este esquema: les permite incorporar trabajadores con menores cargas patronales. Sin embargo, distintos expertos advierten que esta tendencia podría estar profundizando la precarización laboral, ya que muchas veces se utiliza para encubrir relaciones laborales tradicionales sin brindar derechos laborales básicos.
Un informe reciente de la Secretaría de Trabajo indica que dos de cada tres nuevos empleos están vinculados a la informalidad o al trabajo independiente, dentro del cual el monotributo y el monotributo social concentran gran parte del aumento.
Además, el 65% del crecimiento en este régimen corresponde a personas con estudios terciarios o universitarios, lo que revela una transformación del perfil del trabajador independiente. Lejos de ser solo pequeños comerciantes o cuentapropistas clásicos, hoy abundan diseñadores, programadores, psicólogos, traductores y otros profesionales jóvenes.
Pese a sus ventajas tributarias, el monotributo no garantiza acceso pleno a derechos laborales ni cobertura jubilatoria adecuada. En este sentido, el gobierno analiza posibles reformas para que los monotributistas puedan hacer aportes previsionales más altos, y así aspirar a una jubilación más digna en el futuro.
Mientras tanto, la informalidad laboral sigue siendo un desafío estructural: cuatro de cada diez trabajadores en Argentina aún no realizan aportes previsionales, lo que limita sus posibilidades de inserción en el sistema de protección social.
A 26 años de su creación, el monotributo se consolida como una herramienta clave para sostener la actividad económica individual, pero también expone los límites del mercado laboral argentino, cada vez más alejado del empleo formal y estable.







