(Ana Delicado Palacios) Centenares de miles de personas provenientes de todos los rincones de Argentina se manifestaron el miércoles en la emblemática Plaza de Mayo, histórico escenario de protestas donde se asoma la Casa Rosada, sede del Gobierno, para exhibir su respaldo a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015), en prisión domiciliaria desde la víspera por corrupción.
Con su líder recluida en su casa en el barrio porteño de Constitución, una multitud colmó las inmediaciones de la Plaza de Mayo, a unos dos kilómetros de la residencia, para rechazar la condena a seis años de prisión y la inhabilitación perpetua a ejercer cargos públicos que confirmó hace ocho días la Corte Suprema.
«Cristina es la representante popular de siempre, de los mejores doce años para todos, también para los empresarios», afirmó en diálogo con la Agencia Sputnik la argentina Elsa Beatriz Mendoza, de unos 60 años, que había acudido con su familia a la marcha.
Emocionada hasta las lágrimas, esta profesora de Ciencia Política se mostró convencida de la necesidad de estar presente en la manifestación convocada por el Partido Justicialista (peronista), presidido por la exmandataria, «dado todo lo que ella nos dio».
Para Mendoza, este 18 de junio fue una edición renovada del 17 de octubre de 1945, en alusión al Día de la Lealtad peronista, que conmemora la multitudinaria marcha de apoyo popular que reclamó y consiguió la liberación del expresidente Juan Domingo Perón (1945-1955 y 1973-1974) tras verse forzado a dimitir por un golpe militar.
«He trabajado toda la vida y nunca he estado mejor que con Cristina, por todos los derechos conquistados», evaluó la docente. «Tenemos que venir a estar con ella, por el amor que le tenemos, como ella nos lo dio a nosotros. Hay que ser solidarios y apoyar todas las necesidades ante este Gobierno perverso», añadió en referencia al Ejecutivo que preside Javier Milei.
«VAMOS A VOLVER»
De repente, la voz de la también ex vicepresidenta (2019-2023) resonó en las calles que la aclamaban. «Estoy firme y tranquila, eso sí, con prohibición de salir al balcón. Dios mío, qué cachivaches (ridículos) que son», señaló Cristina Fernández al inicio de un mensaje grabado que sonó por los altavoces.
Tras agradecer las muestras de afecto que tuvo en los últimos días a la puerta de su casa y en otros puntos del país, la expresidenta aseguró que lo que más valoraba era escuchar de nuevo el cántico «vamos a volver», que forma parte de la liturgia peronista.
«Lo peor es que el verdadero poder económico sabe que este modelo no tiene futuro, sabe que se cae y por eso estoy presa», aseguró la exmandataria antes de que retumbara en la plaza la canción «Todo preso es político», de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
Tras haber escuchado a su dirigente, Marcos Sosa apremiaba a sus compañeros para dirigirse al autobús que los llevaría de vuelta a la provincia del Chaco (norte). Este abogado recién graduado había viajado de noche los 800 kilómetros que separan la capital argentina de su ciudad natal, Sáenz Peña, por considerar que era «su deber de ciudadano». Ahora estaba por emprender el regreso.
«Cristina nos dio una universidad en la ciudad, cuando en épocas anteriores, la gente tenía que ir a estudiar a la universidad en Corrientes (provincia aledaña, al noroeste) o venir a Buenos Aires, y la clase media y baja no podían estudiar», explicó.
Proveniente de una familia de electricistas, este joven de 27 años no tenía más que palabras de agradecimiento por el legado del fallecido expresidente Néstor Kirchner (2003-2007) y por Cristina Fernández. «Lo que hicieron desde 2003 fue impresionante, por eso decidimos venir a bancar (apoyar) lo que se hizo en el Chaco», dijo.
DE TODAS PARTES
Como él, miles de argentinos viajaron desde distintas localidades del país para asistir a esta movilización, que según los organizadores superó el millón de personas.
En su ingreso a la ciudad de Buenos Aires, varios autobuses fueron interceptados por la policía para revisar la documentación de los viajeros y revisar sus pertenencias. Un acto intimidatorio, interpretaron desde el peronismo.
«Acá el problema es que hicieron una causa armada», afirmó una arquitecta de 37 años, Andrea Casabuono. «Si hubieran demostrado su culpabilidad de una forma legal, la condena sería lógica, pero ahora ya sabemos que fiscales y jueces eran amigos entre ellos, estaba todo armado, y no se puede creer en esta condena», sentenció.
Esta profesional, que llegó a integrar una cooperativa que trabajaba para el Ministerio de Obras Públicas, organismo extinto con la llegada del Gobierno actual, se reconoció hoy haciendo «changas», como se denomina en Argentina a los trabajos esporádicos sin contrato.
«La proscripción de Cristina no se puede dejar pasar porque ya pasamos por esas cosas y este país no debería volver a tenerlas, pues derivaron en una dictadura en su momento», insistió esta mujer que se identificó de izquierdas, y que adelantó su intención de pasar uno de estos días por la casa de Cristina Fernández, ante la expectativa de que «un día haya justicia y el país y la democracia sean protegidas».
La Corte Suprema ratificó el 10 de junio, por unanimidad, la sentencia contra Fernández que la condenó por el delito de administración fraudulenta agravada en perjuicio de la administración pública, fallo que en segunda instancia confirmó el 17 de noviembre de 2024 la Cámara Federal de Casación.
La sentencia del máximo tribunal del país, que debería estar integrada por cinco miembros y que en la actualidad está conformada por los jueces Horacio Rosatti, Carlos Fernando Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti, se dio a conocer a una semana de que la expresidenta confirmara su candidatura para competir en las elecciones legislativas de la provincia de Buenos Aires el próximo 7 de septiembre. (Sputnik)





