En los últimos años, la microbiota intestinal dejó de ser un tema exclusivo de la ciencia para convertirse en uno de los pilares de la salud preventiva. Los expertos la definen como una comunidad de microorganismos que habita el intestino y que participa en procesos esenciales del organismo, como el metabolismo, la respuesta inmunológica y la digestión. Por su relevancia, muchos ya la consideran un “órgano más”.
Desde el grupo interdisciplinario Profeni (Profesionales Expertos en Nutrición Infantil) remarcan que la alimentación cumple un rol central en el cuidado de la microbiota. Incorporar alimentos que favorezcan su diversidad puede contribuir al bienestar general. Entre ellos se destacan los fermentados, como yogur, kéfir, chucrut y kimchi, que aportan microorganismos vivos capaces de mantener el equilibrio intestinal.
Los especialistas explican que una microbiota diversa se asocia con un mejor funcionamiento del organismo, mientras que una disminución en esa diversidad puede favorecer la aparición de afecciones digestivas y metabólicas. Además, la evidencia científica indica que su composición influye en el metabolismo de los nutrientes, la producción de sustancias beneficiosas y el correcto desempeño del sistema inmune.
Por ese motivo, cada vez más investigaciones analizan cómo los hábitos alimentarios pueden preservar ese equilibrio. Una dieta rica en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y fibra aparece como una de las estrategias más recomendadas, ya que la fibra sirve de alimento para muchas bacterias beneficiosas.
Desde Profeni subrayan que no existe un único alimento capaz de mejorar la microbiota por sí solo. La clave está en la combinación de una alimentación variada, hábitos saludables y un estilo de vida activo, que en conjunto favorecen la diversidad microbiana y ayudan a cuidar la salud digestiva a largo plazo.







