Dos personajes entrañables de la historia comodorense protagonizan una charla imaginaria que combina humor, nostalgia y una mirada crítica sobre el presente y el futuro de la ciudad.
¿Qué pasaría si algunos de aquellos personajes que marcaron una época pudieran regresar por unos minutos y caminar nuevamente por las calles de Comodoro Rivadavia?
La pregunta sirve como punto de partida para una particular conversación imaginaria entre Narciso, el recordado lustrabotas, y Cirilo, el cafetero, dos figuras populares que forman parte de la memoria colectiva de generaciones de comodorenses.
El trabajo está subido en la cuenta de Instagram de quién sería su creador, aunque bajo el nombre de Narciso Esponda, el personaje histórico de la ciudad.
En el encuentro ficticio, ambos observan cuánto cambió la ciudad y rápidamente aparece uno de los temas que atravesó prácticamente toda la historia de Comodoro: el petróleo.
—“Después de todo este tiempo, me imagino que Comodoro debe ser la capital industrial del país, ¿no? Todo lleno de fábricas generando valor”, plantea Cirilo.
La respuesta de Narciso cambia el tono de la conversación:
—“Te quedaste en el tiempo, Cafetero. Se fue papá YPF”.
La referencia apunta a la salida de YPF de áreas convencionales de la Cuenca del Golfo San Jorge y abre una discusión que actualmente forma parte de la agenda comodorense: qué sucede después de más de un siglo de explotación petrolera y cuál será el futuro productivo de la ciudad.
Una mirada al pasado para pensar el futuro
La conversación avanza sobre los cuestionamientos vinculados al pasivo ambiental y los pozos petroleros que permanecen en distintos sectores, pero también propone mirar más allá de la crisis.
Cuando Cirilo pregunta qué puede hacer Comodoro frente al nuevo escenario, Narciso responde apelando a una característica profundamente arraigada en la identidad local:
—“No agaches la cabeza, que somos comodorenses. Ya tenemos el cuero duro para las crisis”.
Y allí aparece el mar.
Durante décadas, la identidad económica de Comodoro estuvo estrechamente relacionada con lo que había debajo de su suelo. La charla imaginaria propone ahora levantar la mirada y observar otros recursos y posibilidades: el puerto, la pesca, el turismo, el conocimiento, las energías y la generación de valor agregado.
—“Por fin estamos empezando a mirar para el mar. Le estamos sacando la vista al pozo”, reflexiona Narciso.
Cirilo completa la idea:
—“La riqueza no es dejar que la saquen y se la lleven, sino saber generar valor acá arriba”.
La identidad que permanece
Entre ironías y recuerdos, el diálogo termina regresando al punto que une a ambos personajes: Comodoro Rivadavia.
Una ciudad que atravesó diferentes ciclos económicos, crisis, transformaciones y generaciones, pero que conserva historias y personajes que todavía permanecen en la memoria popular.
Antes de despedirse, Narciso le pide a Cirilo aquello que durante tantos años también formó parte del paisaje cotidiano comodorense: un café.
Y deja una última reflexión:
“Podrán cambiar las empresas, las épocas y hasta la ciudad, pero la identidad comodorense la tenemos intacta”.
Una conversación que nunca ocurrió, pero que bien podría resumir una pregunta que Comodoro comienza a hacerse:
después de más de cien años mirando hacia abajo, ¿hacia dónde quiere mirar la ciudad para construir su futuro?







