El magnesio emerge como una posible alternativa al litio en la fabricación de baterías para vehículos eléctricos. Este metal es más económico, abundante y potencialmente más seguro, ya que no genera las peligrosas dendritas que pueden provocar cortocircuitos o incendios en las baterías de litio.
Además, puede almacenar más energía en menos espacio, lo que permitiría desarrollar autos más compactos y eficientes. China concentra cerca del 90 % de la producción mundial de magnesio, seguida por Israel, Rusia y Brasil.
Sin embargo, los expertos advierten que las baterías de magnesio aún presentan limitaciones: los iones se mueven más lentamente, lo que genera tiempos de carga prolongados y menor potencia en aceleraciones rápidas. También persisten dificultades para desarrollar electrolitos y materiales de cátodo que resistan la corrosión y la degradación. Encontrar un electrolito líquido o sólido que permita al magnesio moverse con facilidad sin descomponerse también resulta complicado por ahora, ya que los electrolitos que consiguen transportar de forma eficiente los iones de magnesio acaban corroyendo los componentes internos de la batería.
Fabricantes como Toyota, General Motors y MG (SAIC Motor) ya investigan tecnologías híbridas o dopadas con magnesio y manganeso, aunque su aplicación comercial podría tardar varios años.
El desafío está en lograr que el magnesio iguale la velocidad de carga y la potencia de las actuales baterías de litio, sin perder sus ventajas de costo y disponibilidad.







