Milei Enfrenta la Recta Final de la Campaña con un Cambio de Estrategia
El presidente Javier Milei encara la última semana de campaña para un examen electoral clave, en un clima que muchos comparan con un balotaje permanente. Aunque no se elige presidente, el Gobierno reconoce que estas elecciones legislativas definen mucho más que bancas: son un plebiscito sobre su gestión.
Los Obstáculos en el Camino
La situación no es la esperada. La economía no reactiva, el dólar presenta volatilidad y el apoyo social al ajuste muestra signos de desgaste. En la Rosada, el discurso de la «revolución libertaria» fue reemplazado por conversaciones sobre gobernabilidad y votos.
El Gobierno no logró recuperar la agenda pública tras la derrota en la Provincia de Buenos Aires. La crisis económica y escándalos políticos internos, como el caso Espert, complicaron aún más el panorama. A esto se suma que el esperado respaldo económico de Estados Unidos, tras la visita de Milei, no se materializó con anuncios concretos.
El Giro Estratégico: Del Rugido al Diálogo
Frente a este escenario, Milei realizó un drástico cambio en su tono. Enterró simbólicamente la «motosierra» y adoptó un lenguaje más tradicional:
-
Reemplazó los gritos contra «la casta» por llamados a la «gobernabilidad».
-
Abrió puentes de diálogo con gobernadores y el Congreso (excepto con lo que él llama «comunistas»).
-
Incluso elogió a Mauricio Macri y habló de fortalecer la gestión.
El objetivo es claro: proyectar una imagen más presidencial, racional y previsible para ganar legitimidad ante el establishment, Estados Unidos y el FMI.
La Incógnita del Día Después
Este cambio, sin embargo, tiene un riesgo. Al moderar su discurso, Milei podría perder el magnetismo que lo caracterizó. Sin resultados económicos tangibles, su nueva faceta de estadista podría no convencer.
Las grandes preguntas quedarán para después de las elecciones: ¿Habrá cambios en el gabinete? ¿Qué papel jugará el PRO? ¿Milei abandonará sus banduras libertarias por un reformismo más pragmático?
Por ahora, el presidente ensaya su movimiento más arriesgado: gobernar con las reglas de la política que juró destruir. El resultado de esta apuesta comenzará a definirse el domingo.






