(Ramiro Barreiro, Sputnik).- Parecía una despedida, pero a la vez un acto de bienvenida a la memoria colectiva, donde estará presente siempre. Miles de uruguayos se acercaron este miércoles al centro de esta ciudad para saludar el cortejo fúnebre de José Pepe Mujica, muchos con camisetas que llevaban una de sus frases emblemáticas: «No me voy, estoy llegando».
En apenas 74 días, el pueblo uruguayo a un presidente y despidió a un líder, quizás, el último que pudo conquistar a las masas con su sabiduría o hacerlas rabiar con su desparpajo.
El cortejo fúnebre que paseó el féretro de José Pepe Mujica Cordano por algunos de los sitios más emblemáticos de su vida en Montevideo hizo el recorrido contrario al que el 1 de marzo llevó al actual presidente, Yamandú Orsi, al estrado de la Plaza Independencia, cuando todo era alegría.
Las exequias arrancaron puntuales, a las 10 de la mañana, cuando del Palacio Estevez, la antigua casa de Gobierno, salieron la compañera de Mujica y exvicepresidenta y senadora uruguaya, Lucía Topolansky, y el propio Orsi, quienes cubrieron el cajón con las banderas de Uruguay y la de Artigas.
Parejas y grupos de todas las edades o personas solas acompañadas por el mate, fiel compañero y almohada reflexiva del uruguayo, cubrieron una larga columna que superó los 500 metros, que a su paso iba poniendo en pausa la labor de quienes no pudieron faltar al trabajo.
«Con libertad no ofendo ni temo», exclaman Los Olimareños en su clásico «Don José» desde una radio que acompaña la labor de tres obreros que pintaban una parada de buses de la avenida 18 de Julio, justo cuando pasaba el féretro.
Carlos Bianchi, de 38 años, filmaba con su móvil hasta que la emoción lo embargó. «Se fue un grande, pero nos dejó una buena lección de vida; siempre tiró para la gente obrera, siempre para el trabajador, y siempre dejando ese lema de vida de que hay que luchar por lo que uno quiere porque sin lucha no hay recompensa», resume.
Mujica tuvo como vehículo personal un VolksWagen Escarabajo modelo 1987, por el que que alguna vez un jeque árabe -que no le conocía muy bien- le ofreció un millón de dólares; llegó a la Presidencia el 1 de marzo de 2010 en un modesto vehículo eléctrico, y dejó este mundo en una antigua carroza movida con ruedas de madera.
«Los políticos de la región deberían aprender mucho de su humildad, de su estar con el pueblo y de su lucha, porque a pesar de los problemas que él tenía desde este último año con su cáncer, él nunca dejó de luchar, y creo que eso también es un principio de valor que tiene la política, de siempre estar para adelante a pesar de todos los problemas que haya», responde emocionado a esta agencia Agustín Pinasco, un argentino de 26 años, que vive en Uruguay hace un año y medio, y procesó vestido con la bandera de su país unida a la del Frente Amplio.
«GRACIAS, PEPE»
Los aplausos fueron constantes a lo largo de la procesión, que en su devenir por las avenidas 18 de Julio y Libertador, entre otras calles, se detuvo por algunos minutos en la Facultad de Derecho de la Universidad de la República y las sedes políticas del Movimiento de Liberación Nacional (MLN), el Movimiento de Participación Popular (MPP) y el Frente Amplio, partido gobernante.
«Gracias, Pepe» y «Fuerza Lucía», fueron los gritos más escuchados durante el cortejo, sobre todo, cuando el vehículo gris que conducía a la ahora viuda de Mujica pasaba frente a los presentes.
Pepe conoció a Lucía en 1967 en la clandestinidad, y no se separaron más, a pesar de haber podido compartir apenas una carta durante sus 13 años de cárcel. La mujer que se ha convertido en su último sostén de vida, se mantuvo firme detrás de sus lentes oscuros durante toda la caravana, sin llorar en público a su compañero de vida.
Un cordón humano protegió a la procesión durante todo el trayecto, y estaba conformado por militantes de los diferentes sectores del Frente Amplio, que llevaban una remera con esa frase emblemática, «No me voy, estoy llegando», pronunciada por el Pepe el 1 de marzo de 2015, cuando se despidió de la Presidencia.
Pero lo cierto es que el Frente Amplio y la política uruguaya pierden mucho con la partida de Mujica. La izquierda despide a su último líder de masas, al que muchos le reconocen la última victoria electoral de noviembre pasado, y el Uruguay todo a su última figura de reconocimiento universal.
En suma, la democracia uruguaya que este año cumple cuatro décadas de reinstaurada, apenas puede contar ahora con cuatro presidentes vivos, contando a Orsi.
«QUERIDO VIEJO»
«Vengo hasta aquí a despedir a mi querido viejo Pepe, porque es el último que le dejó un legado a los jóvenes que están viniendo», afirma Maricarmen Veiga, una jubilada de 64 años que avizora un futuro oscuro y extranjerizante del Uruguay, aunque asegura: «Creo que llegó el tiempo de las mujeres».
Esos mismos jóvenes de los que habla la mujer son los que engrosaron la columna que cierra la procesión. Ataviados con banderas del MPP, el Frente Amplio, el Uruguay y la diversidad sexual.
«Para nosotros es un gran referente político -de los pocos que quedan-, que supo traducir las cosas importantes y verbalizarlas para la gente común, que todos lo puedan entender. Entonces, por eso hoy todos nosotros lo estamos acompañando. Y, como él decía, pese a estar sufriendo por su pérdida, celebrando la vida y continuando su lucha, que es el mayor legado que él nos deja», expresa Joaquín Fernández, un estudiante de filosofía de 22 años.
El muchacho, que se acercó a la procesión junto a su novia, define a Mujica como «una persona que vivió como pensó» y sostiene que «eso es una gran enseñanza para todos y un gran ejemplo».
Gastón Oliveira, uno de los primeros que llegó al Palacio Legislativo opina que «el viejo era un ejemplo de lucha, obviamente para la juventud».
«Nos da el seguir su lucha, su ejemplo, hoy en día su adherencia es mi camino y bueno, es algo que nos pega muy fuerte pero que al mismo tiempo nos deja fortalecidos por lo que el viejo representaba y por lo que sigue ahora, vamos a seguir esta lucha por él», augura.
En aquel discurso de despedida de la Presidencia, en el que vaticinó su presencia inmaterial, Mujica también dijo que si tuviera dos vidas, «las gastaría enteras para ayudar» a las luchas populares, y hasta se animó a adelantar que se iría «con el último aliento», para luego seguir estando junto al pueblo.
Los miles que este miércoles lo lloraron, y los otros que pasarán a despedirlo en la capilla ardiente que se instaló en el Palacio Legislativo podrán atestiguar que supo cumplir. (Sputnik)






