Las economistas Mercedes D»Alessandro y Alma Espino indicaron a la Agencia Sputnik que la austeridad impulsada por el presidente argentino no es neutral y tiene un costo oculto, pero evidente, para quienes lo viven en carne propia.
D»Alessandro y Espino son referentes regionales de economía feminista, una corriente que se contrapone a los principios del libertarismo impulsado por Milei y cuestiona la «mercantilización extrema» y la «cultura antiderechos» del Gobierno argentino, que amenaza décadas de avances sociales en la región.
«El odio que Milei tiene hacia las mujeres no es solo discursivo: se traduce en recortes y desmantelamiento del Estado», afirmó D»Alessandro, quien fue directora Nacional de Economía, Igualdad y Género durante el Gobierno de Alberto Fernández (2019-2023).
Desde su asunción, el presidente «desarmó todos los programas de género», indicó la experta. Eliminó el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, desfinanció los programas de cuidados y congeló el presupuesto destinado a políticas sociales y de infraestructura básica, como maternales, comedores populares y centros de salud, precisó.
Con estas medidas, «las mujeres, especialmente las más pobres, quedan libradas a la violencia, al hambre y a la falta de empleo y cuidados», denunció Espino, presidenta del Centro Interdisciplinario de Estudios sobre el Desarrollo en Uruguay.
El cierre de la cartera de Mujeres, ordenado por el mandatario, significó también el desmantelamiento de las políticas orientadas a proteger a las víctimas de violencia de género, promover la equidad en la distribución del poder y los recursos, y reconocer el trabajo doméstico y de cuidados.
De acuerdo con un informe publicado en diciembre de 2024 por Feminacida, el presupuesto destinado a políticas para reducir la desigualdad de género cayó un 33 por ciento respecto al año anterior, un recorte que superó al ajuste general del gasto público. Como consecuencia, se desactivaron 19 iniciativas estatales vinculadas a la igualdad de género.
En marzo, el centro de datos Chequeado publicó un reporte que indica que el Gobierno de Milei redujo «significativamente» los fondos destinados a programas contra la violencia de género. Según el informe, en 2024 se registró una caída del 90 por ciento en la ejecución presupuestaria del Programa Acompañar, una iniciativa creada en 2020 para promover la independencia económica de mujeres en situación de violencia.
Por su parte, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos alertó en su informe anual del año pasado que la reestructuración estatal iniciada en diciembre de 2023 provocó un debilitamiento de los marcos institucionales responsables de garantizar los derechos de las mujeres.
ACCIONES DE MILEI
A fines de enero, en el Foro Económico de Davos, el jefe de Estado argentino criticó la «ideología de género», un concepto sin base científica que surgió en el seno de la Iglesia católica en los años 90, y la vinculó con la homosexualidad para afirmar que constituía «lisa y llanamente abuso infantil».
Milei aseguró que era su «deber moral desmontar el edificio ideológico del wokismo (progresismo) enfermizo», y señaló que la ideología de género, junto con «el feminismo, la equidad, el aborto y la inmigración», eran «todas cabezas del mismo monstruo, cuyo fin es justificar el avance del Estado».
El mandatario también negó la brecha salarial de género y atacó la figura del feminicidio, al asegurar que establece que «la vida de una mujer vale más que la de un hombre».
Sin embargo, incluso las cifras oficiales lo desmienten. Según el informe sobre la Evolución de la Distribución del Ingreso del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), correspondiente al último trimestre de 2024, las mujeres perciben un 26,2 por ciento menos que los hombres por el mismo trabajo.
Además, Argentina retrocedió cinco puestos en el último informe global sobre la brecha de género realizado por el Foro Económico Mundial. El país sudamericano pasó de estar en el puesto 32 al 37 a nivel global durante el primer año de gestión de Milei.
ECONOMÍA DE MERCADO VS FEMINISTA
Las políticas que promueve Milei buscan priorizar la «economía de mercado», considerando que es la que puede resolver los problemas actuales de América Latina, señaló Espino, exdirectora del Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de la República.
En cambio, desde la economía feminista se plantea que no todo se reduce al mercado, ya que este produce una «serie de efectos de género que reproducen desigualdades económicas y sociales», explicó quien también ha sido consultora del gobierno uruguayo y de organismos como el Banco Mundial y ONU Mujeres.
«La economía no es solo el mercado, por el contrario, hay una parte importantísima que tiene que ver con lo que es la reproducción de la vida, de la fuerza de trabajo, de las generaciones, que se basa en una serie de actividades que, precisamente, no se dan en el marco del mercado, se dan primariamente en los hogares y, con base en el trabajo no remunerado principalmente de las mujeres», añadió.
Según datos oficiales del Indec, la tasa de participación en el mercado de trabajo de las mujeres es menor que la de los hombres. Para el tercer trimestre de 2024, la tasa de empleo de las mujeres se ubicó en 46,8 por ciento y en los varones 66,1, lo que representa una brecha de 19,3 puntos porcentuales.
Además, las mujeres asumen el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado en mayor proporción que los hombres. Mientras 92 de cada 100 mujeres realiza trabajo no remunerado, 75 de cada 100 varones lo hace.
Las mujeres que viven en hogares con población demandante de cuidado destinan cuatro horas más a tareas de trabajo no remunerado que los varones que viven en los mismos espacios, indica un dossier estadístico del Indec.
CUIDADO Y POBREZA
Según D»Alessandro, el ajuste fiscal de Milei ha golpeado de lleno a los hogares sostenidos por mujeres, que históricamente cargan con el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.
«Los recortes multiplican el tiempo que deben dedicar al cuidado, lo que a su vez limita sus posibilidades de conseguir un empleo o sostenerlo», explicó quien además fundó la ONG Economía Feminista.
Las trabajadoras domésticas -uno de los principales sectores de empleo femenino- han sufrido despidos masivos, y áreas feminizadas como la salud y la educación enfrentan salarios estancados, indicó.
La caída del salario real de las trabajadoras de casas particulares fue del 22 por ciento, el de las comunitarias, del 54 por ciento, y el de docentes, del 29 por ciento, según un reporte publicado el 6 de marzo por el Centro de Estudios Legales y Sociales.
«Hay muchas historias de la vida cotidiana en las cuales las mujeres tienen que hacer malabares para poder ir a trabajar y al mismo tiempo cuidar a esos chicos que quizás ya no tienen doble turno o han recortado sus actividades extracurriculares. Vemos un deterioro en las condiciones de vida bastante importante», agregó D»Alessandro, quien en 2016 publicó «Economía Feminista: cómo construir una sociedad igualitaria (sin perder el glamour)».
La economista también señaló que la eliminación de la moratoria previsional en marzo de este año afectará a más de 160.000 personas que no podrán jubilarse, de las cuales más del 60 por ciento son mujeres. «A muchas se les ha extendido la edad jubilatoria de 60 a 65 años para poder acceder apenas a una pensión. Es un retroceso enorme», aseguró.
EL ROL DEL MOVIMIENTO FEMINISTA
Espino resaltó el papel que puede jugar el movimiento feminista frente a este panorama, aunque también advirtió sobre los riesgos de desmovilización ante la ofensiva reaccionaria.
En ese sentido, aseguró que tiene «dudas» y que le «cuesta más pronosticar la capacidad de movilización que se pueda tener».
Pese al contexto adverso, D»Alessandro destacó que el movimiento transfeminista sigue siendo uno de los actores más activos en la escena de protesta. Al tiempo que también reconoció el desafío de sostener la movilización en un contexto de crisis y desánimo social generalizado.
«Hay compañeras que no pueden pagar un colectivo para ir a una asamblea. Hay apatía, hay miedo, y eso nos atraviesa como sociedad. Pero también hay una llama que se mantiene encendida», consideró.
SITUACIÓN EN LATINOAMÉRICA
A nivel regional, ambas especialistas identificaron como uno de los principales desafíos para la economía feminista la avanzada de las políticas de austeridad, incluso en gobiernos progresistas.
«Desde la economía feminista el desafío más apremiante es combatir esta idea de que el gasto público es plata desperdiciada. Hay que combatir la idea de la austeridad, que se presenta como un tema de carácter técnico, pero que en realidad es un tema eminentemente político, porque la austeridad siempre es para algunos, no es para todo el mundo.», dijo Espino.
Además, «hay que hacer énfasis en la importancia del cuidado que se realiza en los hogares», añadió.
D’Alessandro por su parte señaló que «el discurso tecnocrático sobre equilibrio fiscal termina disfrazando ajustes que castigan a mujeres, personas trans, adultas mayores y personas con discapacidad».
«Muchas veces los gobiernos progresistas ceden a esa presión sin integrar una mirada feminista en sus equipos económicos», concluyó. (Sputnik)







