En la región de Tiumén, Rusia, vecinos denunciaron el sacrificio masivo y forzoso de cerdos en explotaciones privadas, medida que los dejó sin ingresos ni alimentos. Las autoridades locales justificaron la decisión en un brote de una “enfermedad especialmente peligrosa”, aunque evitaron precisar el nombre. Según datos extraoficiales, se trataría de la peste porcina africana (PPA), altamente resistente y sin tratamiento eficaz, aunque no representa riesgo para las personas.
La cuarentena decretada en varios municipios incluyó confiscación de animales, controles sanitarios y prohibición de salida de carne y cerdos. La Dirección de Veterinaria prometió compensaciones económicas según el valor de mercado, aunque aún no se precisaron los montos.
El impacto es profundo: muchas familias rurales dependen de sus pequeñas explotaciones para sobrevivir y preparar recursos para el inicio del ciclo escolar. La pérdida de animales afecta directamente su economía y alimentación.
La medida generó protestas y críticas, con denuncias de sacrificios de animales sanos y reclamos de que las compensaciones no cubren las pérdidas reales. Incluso se planteó que la destrucción del ganado podría empujar a campesinos endeudados a enlistarse en el ejército ruso, atraídos por las pagas ofrecidas en el marco de la guerra contra Ucrania.







