La circulación de videos grabados por los propios marineros expone la persistencia de maniobras sin protección básica en plena operatoria de pesca de altura. Trabajadores realizan tareas riesgosas sobre la rampa de popa sin utilizar chalecos salvavidas ni sujetarse a líneas de amarre, mientras los buques navegan en mar abierto. Esta conducta refleja la falta de concientización frente al peligro cotidiano en una de las industrias más complejas del país.
El análisis de los episodios trágicos registrados en el último mes muestra que la confianza excesiva genera consecuencias irreversibles durante la faena. Si bien la autoridad marítima constató muertes por causas naturales en altamar, otros fallecimientos respondieron directamente a decisiones imprudentes tomadas en cubierta.
La prevención requiere un cambio profundo en los hábitos de trabajo de la flota nacional. Aunque la legislación vigente contempla protocolos detallados y equipamiento obligatorio, muchos marineros resisten su uso cotidiano argumentando incomodidad, replicando la histórica resistencia al cinturón de seguridad en los vehículos particulares.
El control en cubierta no depende únicamente de la voluntad individual ni de las órdenes desde el puente de mando. La supervisión inmediata recae en los mandos medios, responsables de coordinar las tareas operativas y activar mecanismos de alerta comunitaria para evitar que alguien trabaje expuesto al peligro.
La normativa náutica asigna al comandante la custodia integral de la nave y la seguridad general, pero no incluye la formación primaria de quienes suben a bordo por primera vez. Su rol se centra en la ejecución periódica de simulacros de incendio, abandono y rescate de hombre al agua, indispensables para transformar la teoría en destrezas efectivas frente a emergencias reales.







