(Saúl Gherscovici) El recital de Los Fundamentalistas del aire acondicionado en Comodoro Rivadavia ya era histórico. La muerte del Indio Solari, de la que los músicos se enteraron cuando el avión tocó suelo comodorense, lo convirtió en un hito de la historia del rock en Argentina.
Una vez que los músicos decidieron que lo mejor era honrar al Indio tocando, la misa adquirió otros ribetes impensados. La lógica congoja, como sucedió en las distintas plazas del país, mutó a alegría, a un agradecimiento constante y permanente al músico que guío e hizo crecer a los ricoteros, que fueron repitiéndose durante generaciones, y a quienes sin saberlo o tal vez intentando en vano no reconocerlo lo eran pese a que, vaya a saber por qué razón, no querían reconocerlo.
Sucede que, como el peronismo, el tango y el cuarteto, ser ricotero puede generar resistencias internas pero muchos lo son aunque lo renieguen, no se reconozcan o no lo sepan. “Ya les va a llegar el momento de darse cuenta”, me decía un viejo sabio que solo había llegado hasta segundo grado pero sabía todo de la vida.
Un lugar en la historia
Comodoro, que vive su propia crisis, se convirtió en el lugar central de la historia de esos millones de ricoteros y fundamentalistas, que van de misa en misa, peregrinando su amor, su devoción pero sobre todo esa identificación no solo con acordes y palabras (muy bien escritas por cierto), sino por una filosofía de compartir una manera de vida esa que, por más que los Feinmann de nuestra vida quieran asociarla con el reviente, tiene que ver con lo que nos pasa a los argentinos, que teniendo todo generalmente somos desposeídos.
No se trata solo de los que van en trenes y no tienen donde ir, sino a los que le late algo que no es su corazón, sino el de todos, el de la aspiración y lucha para que el futuro no sea el que llegó hace rato, sino algo mucho pero mucho mejor. Son los que, plantando jeta, quieren que “el pasado acabe” y terminar de ser “operarios con salarios de miseria”, como ayer cantó el Indio en el predio Ferial.
El Diego, el Indio
No es casual que la partida de este plano del Indio Solari nos remita inmediata e indudablemente a la de Diego Maradona, el otro artista y “dios humano” político y social que tuvo (tiene) la República Argentina y, en su caso, el mundo entero. Sucede que, claramente, hay un hilo conductor firme e indudable entre ellos y por eso, su partida, generó esta congoja que traspasa generaciones y que a cada una de ellas les hace sentir que perdieron no a un artista, sino a alguien muy importante de su vida, casi como un familiar querido o más, porque sabemos que la familia no se elige.
El Indio, al igual que el diego, llegó a lo más alto en base a su talento pero nunca dejó de lado su lugar de pertenencia, que no solo es el metro cuadrado donde les tocó nacer, sino ese espacio y sentir popular que puede repetirse en otros pueblos, villas o ciudades.
Desde su bien ganado lugar de “privilegio”, al igual que Maradona, Solari siempre denunció lo que estaba mal. Siempre cuestionó al poder que se quiere llevar (y se lleva) puesto todo, aquel que para dominar y enriquecerse chupa sangre y engaña a los chupados haciéndoles creer que los están ayudando.
Contra los trepadores, esos monitos que “cuanto más alto trepan (así es la vida) el culo más se le ve”.
Las muertes de ambos, tal vez no tengan comparación. Uno se fue en pandemia, otro en estos tiempos convulsionados que corren. Pese a las prohibiciones, en aquel caso por el coronavirus, sus fanáticos rompieron todas las restricciones y con barbijos se abrazaron e hicieron una espontánea peregrinación y misa en la plaza de mayo. A ese lugar, al conocer su partida, también llegaron miles y miles de fanáticos del Indio para despedirlo, para cantarlo y celebrarlo, mientras el gobierno de Javier Milei le cerraba la puerta para primero disponer un duelo colectivo y luego para velarlo en los lugares de representación democrática, aunque el sistema no siempre sea popular.
La negativa del gobierno, que conciente del rechazo social ofreció Tecnópolis, le hizo un favor a un Indio, que supongo, no hubiese estado feliz en ser despedido en estos recintos donde, si bien se llega por la voluntad popular, no siempre se trabaja para ella.
La misa
Lo que sucedió ayer, en el Predio Ferial, es muy difícil de describir. Primero por la emoción pero también por ser parte de ese momento histórico que tenía mucho de dolor pero también de celebración y agradecimiento. Era y fue una mezcla de sensaciones, en donde también el público tenía que sostener a los músicos, y al que estaba al lado, saltando y cantando pero también a punto de caer, y no precisamente por el pogo.
Desde “Pedía siempre temas en la radio” hasta el esperado y deseado Jijiji se vivieron esas emociones mezcladas y esas ganas de cantar y gritar porque todos sabíamos que ya habíamos sufrido “cosas mejores que éstas” y que pese a que somos ángeles de la desolación optamos por seguir cantando y “bailar bailar”.
No se trata de hacer un repaso cronológico de la sucesión de los temas, sino de contar algunas de esas emociones que resurgieron y se resignificaron, porque muchas letras ahora tienen otro sentido o parecen tenerlo, pero si de señalar que estuvieron casi todos los clásicos de los Redondos y de los Fundamentalistas. Siempre falta alguno, como “To beef or not to beef” porque todos queríamos cantarle al Indio: “pensando en vos siempre”. Pero, supongo, para su banda de combate era demasiado doloroso.
Se vivieron muchos momentos muy emocionantes pero, creo, que ninguno como cuando el Indio cantó multiplicado “Encuentro con un Angel Amateur”, aquella canción que escribió en el 2021 para ir despidiéndose ya que era conciente de que no podía cumplir las hazañas que prometió pero que tenía claro y decidido que, cuando llegue ese día, que finalmente fue un 5/6/2026 solo le quedaba seguir cantando.
Un Indio al que, cuando nuestras lágrimas nos permitían ver, estuvo en el Predio Ferial no solo en su última imagen sino, como regalo, bailando en varias de sus etapas, esas que marcaron la vida de generaciones.
Una hermosa manera de empezar por el final para volver al principio.
No hay ninguna duda de que el Indio Solari ayer no solo estuvo presente en el corazón de cada uno sino que, como viene sucediendo desde hace muchos años, estuvo cantando, y hasta bailando. Que volvió a decir todo lo que viene diciendo y provocando esa revolución de corazones, que también es imposible más que de entender explicar. Que su voz nos seguirá diciendo, a los ricoteros y aquellos que todavía se reniegan que “si no hay amor, que no haya nada” y de que todo “siempre está en nuestras manos” porque el “asunto está ahora” y que “cuando la noche es más oscura se viene el día en tu corazón”
Una cosa más hay que decir y es que este 6/6/2026, fecha que abre portales pero también que remite al número del diablo, el infierno estuvo encantador y que todos, gracias al Indio presente y eterno y a Los Fundamentalistas, fuimos salvados esa noche.






