(Ana Delicado Palacios).- Pocas veces la capital argentina ha sido testigo de una movilización tan multitudinaria como la que colmó el martes las calles y avenidas del centro de ciudad, en el Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia, que este año conmemoró el 50 aniversario del golpe de Estado que dio inicio a la última dictadura (1976-1983).
Fue tal la marea humana, que gran parte de los manifestantes se quedó a medio camino rumbo hacia la emblemática Plaza de Mayo, mientras decenas de miles de personas también se manifestaban en otras ciudades del país, como Córdoba , Rosario o Mendoza .
«La militancia del campo civil y popular es en familia, no hay otra manera», dijo a la Agencia Sputnik Guillermo, un hombre joven que viajó desde La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, con toda su parentela.
Niños y no tan niños rodeaban a este argentino que ondeaba una bandera mientras su familia descansaba sobre la Avenida 9 de Julio, a unos 500 metros de la Plaza de Mayo, que a esa hora parecía inaccesible por la multitud que intentaba llegar. Como tantos otros, él también identifica a los 30.000 detenidos-desaparecidos que causó el terrorismo de Estado.
«Eran familia nuestra, familia del pueblo trabajador, y no hay otra manera que luchar así, como nos enseñaron las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo», dijo en alusión a las entidades de derechos humanos que impulsaron la búsqueda de sus familiares desaparecidos durante la dictadura.
En una velada alusión al actual Gobierno, Guillermo insistió en que «en estos tiempos donde quieren instalar discursos negacionistas, lo más importante» era «salir a la calle, reivindicando las luchas históricas, y sobre todo teniendo presente a los 30.000 que son la bandera de la lucha».
Ante los discursos negacionistas, que entiende como parte de «una avanzada a nivel mundial», con su correlato «en un mundo en guerra y un capitalismo exacerbado que va por todo», este padre de familia consideró que se combaten con «amor».
«No le encontramos otra salida, y no nos van a ganar porque hace 50 años venimos en la misma lucha, que es defender los derechos conquistados, ir por otros derechos y buscar una patria socialista que nos dé respuesta y que nos incluya a todos, con una educación, salud y trabajo dignos», añadió.
Sin ocultar sus simpatías políticas, Guillermo recordó que el presidente Javier Milei afirmó, durante la apertura de sesiones ordinarias del Congreso, el 1 de marzo, que la exmandataria Cristina Fernández de Kirchner, hoy en prisión domiciliaria por una causa de corrupción, «iba a seguir presa», lo que a su entender muestra «una intromisión judicial», y que «los mismos que hacían desaparecer personas con la justicia como cómplice hoy gobiernan Argentina y además con el mismo modelo económico».
La misma crítica hacia la justicia expresó Andrea, la referente de una biblioteca popular de la localidad bonaerense de Arturo Seguí, cercana a La Plata, que optó por sentarse ante la imposibilidad de llegar a Plaza de Mayo.
«Hay una Corte Suprema que no se tocó; el sistema judicial, que llamamos partido judicial, no lo tocó ningún Gobierno, ni siquiera el de Cristina, y acá están las consecuencias de que esté presa, de que quieran sacar a los militares ya juzgados. Pero somos muchas personas las que queremos justicia y por eso las calles son nuestras», sostuvo.
Con pancartas que mostraban extractos de libros infantiles, esta mujer de mediana edad comentó que cada año participa en las marchas del 24 de marzo y que hay que hacerlo «para defender la democracia».
«Nos están queriendo pasar por encima y negar todos los derechos conquistados, incluidos los juicios que se hicieron a los torturadores y a toda la rama civil de la dictadura», reclamó.
Bajo esos parámetros, Andrea advirtió que ella no se reconciliaba ni perdonaba. «Hay que saber toda la verdad, y hasta que no entreguen todos los papeles y digan dónde están las personas que falta identificar, los hijos y nietos, no hay amalgama posible», sentenció.
HISTORIAS DESOBEDIENTES
Sí había lugar en esta movilización para Analía Kalinec, hija de un represor detenido en 2005 y condenado a perpetua en 2010 por delitos de lesa humanidad, que en la actualidad goza de prisión domiciliaria. Esta mujer marchó como parte del movimiento Historias Desobedientes, que integra a «familiares de genocidas por la memoria, la verdad y la justicia», según sus palabras.
«Somos familiares de los perpetradores que hicimos conciencia, y desobedecimos los mandatos de lealtad familiar y de silencio intrafamiliar para sumarnos en Argentina a la lucha de las Madres, las Abuelas, los familiares, y los sobrevivientes», afirmó.
Este movimiento, que nació en Argentina en 2017 y tiene también presencia en Chile, Uruguay, Paraguay, Alemania y España, se hizo presente para asegurar que sus integrantes también tienen algo que aportar a la memoria colectiva, «y para tratar de entender cómo es posible esto, la crueldad, el crimen, la obediencia a órdenes criminales».
La confrontación con su progenitor para que revelara lo que sabía de los crímenes en los que participó le costó no solo una separación familiar que involucra también a dos de sus hermanas, sino también un juicio, en la que fue acusada de «indignidad», una figura legal que contempla el Código Civil y Comercial para que no pudiera heredar de su madre, fallecida en 2015.
Desde ese lugar tan doloroso, Analía, que lleva el apellido de su padre, aseguró que su historia de vida se entrelazaba «con la historia de un país».
«Argentina supo hacer memoria, supo a través de las Madres seguir reclamando memoria, verdad y justicia, y supo juzgar a sus propios criminales, a los responsables de estos crímenes», reivindicó.
«En ese marco, supo también mostrar a los familiares de los genocidas esta verdad que dentro de las familias aparece silenciada, tergiversada, y ocultada. Por eso, en la manera en que esto se difunda, muchos más descendientes de genocidas van a poder alzar la voz, a pronunciarse y hacerse preguntas a través de la propia historia y de su familia», añadió.
El llamado «pacto de silencio» entre los represores impide todavía saber qué sucedió con la mayoría de los cerca de 30.000 detenidos desaparecidos de la dictadura y con los 360 bebés que fueron sustraídos de sus familias al nacer y que permanecen al día de hoy sin conocer su origen, mientras que otros 140 fueron recuperados durante estos años gracias a la labor de Abuelas de Plaza de Mayo. (Sputnik)






