El Eternauta: de la geología al apocalipsis…
Antes de crear la icónica historieta que hoy revive Netflix, Hector Germán Oesterheld recorrió muchos rincones de la Argentina como geólogo. Sus botas pisaron yacimientos petroliferos, minas de oro y paisajes que luego inspirarían sus mundos de ciencia ficción.
La Geología, su primera pasión…
Estudiante de la Universidad de Buenos Aires, Oesterheld se graduó en Ciencias Naturales en los años 40, destacándose en mineralogía y petrografía.
Entre 1938 y 1940, estuvo como becario y trabajó en Comodoro Rivadavia, Tupungato y Zapla, donde las rocas y el viento patagónico moldearon su mirada épica.
Especialista en Oro y Platino. En el Banco de Crédito Industrial Argentino, analizó metales preciosos, un oficio que mezcló con noches escribiendo cuentos infantiles.
Cómo un geólogo terminó creando «El Eternauta»? La respuesta está en su pasión por contar historias. Mientras trabajaba con muestras de roca en su laboratorio, Oesterheld escribía en secreto. Sus viajes a Jujuy, las mesetas patagónicas y hasta un bosque petrificado se filtraron en sus guiones.
«El cañadón perdido» en «El Sargento Kirk», un homenaje a sus días en la Patagonia.
«Paisajes Lunares» talvez inspirados en los paisajes del desierto en Zapla o de lugares de Tupungato.
La pregunta es, porqué abandonó la Geologia?
«Prefiero contar un detalle inútil antes que perder uno escencial» decía. Oesterheld prefirió la pluma sobre la piqueta geológica para revolucionar la literatura argentina. Pero nunca olvidó sus raíces.
Fue colega de próceres como Feliz Gonzales Bonorino, uno de los gestantes de la geología moderna. Nunca dejó de leer publicaciones de revistas científicas y solia hacer donaciones a sociedades científicas.
Toda esta investigación es autoria de Diego Fraccia y en la imagen se ve un joven Oesterheld segundo de la derecha junto a otros colegas en Comodoro Rivadavia…







