Los recortes presupuestarios en ciencia, tecnología e investigación en Argentina han puesto a muchos investigadores en la encrucijada de abandonar sus proyectos e incursionar en el sector privado o de salir al exterior en búsqueda de mejores oportunidades laborales, contó a la Agencia Sputnik una de las científicas en esta situación.
«Es muy grave esto de que las universidades públicas formen gente en este país y que muchos se vayan», reprobó Valeria, que prefiere mantener en reserva su apellido.
Con un doctorado en Farmacia Bioquímica, esta bióloga de 38 años empezó a trabajar en su proyecto original de postdoctorado sobre oncología molecular en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), considerada la institución científica más prestigiosa de América Latina, pero lo tuvo que abandonar por falta de fondos.
Se unió entonces al proyecto de una compañera.
«Como becaria postdoctoral en el Conicet yo ganaba 950.000 pesos (782 dólares), con un sueldo congelado desde hacía un año y trabajando muchas horas, porque mucha gente renunció, entonces cada vez más trabajo recaía sobre nosotros», refirió.
Esta científica trabajó también como docente de nivel medio, «pero la realidad es que estaba sobrecapacitada, con un montón de conocimiento que quería aplicar en un laboratorio o como docente de universidad», expresó.
El presupuesto del Conicet se desmoronó 17,8 por ciento en 2024, y la caída continuó este año con un derrumbe de 21,6 por ciento, lo que ha llevado a que el desplome total sea del 36 por ciento en términos reales.
Consciente de que quienes terminaron su postdoctorado y debían haber sido efectivizados en el Conicet en 2024 para hacer la carrera de investigación no han ingresado todavía, Valeria tiene pensado «renunciar en el corto plazo y buscar otra investigación en otro país, u otro trabajo en sector privado».
«El problema principal es que se forman investigadores científicos en universidades públicas con la plata de los impuestos de todos argentinos, y no tenemos una salida laboral y un futuro: nos empujan a llevar ese conocimiento a otro país, y eso es lo más injusto», evaluó.
Uno de los organismos científicos que está siendo desfinanciado es el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), una entidad que se encuentra «en riesgo», según su presidente, Ariel Pereda, ante las intenciones del Gobierno de despedir a 1.500 de sus empleados y vender sus terrenos.
El titular del INTA acusó al Gobierno de ejecutar un «cientificidio» y además tildó de mentiroso al ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, que menospreció las funciones de este ente al asegurar que eran «cajas» (para recibir dinero).
«A fuerza de ajuste, desfinanciamiento y desmantelamiento la montaña de arena tiene cada vez menos granitos. Algunos se los llevó el viento. No los reemplazó nadie. A nadie le importó (o al menos así se sintió desde adentro). Lloramos pérdidas, nos despedimos de amigos, vimos cómo aquel «ramal que para, ramal que cierra» (dicho alusivo a las privatizaciones del Gobierno de Carlos Menem (1989-1999) tenía su versión 4.0″, contó en una carta que se viralizó el ingeniero forestal Sebastián Bonnin al anunciar hace unos días su partida del INTA.
Varios sectores en Argentina se encuentran en conflicto por el ajuste fiscal de la actual gestión y la pérdida de poder adquisitivo de los ingresos, en un país que acumula una inflación de 47,3 por ciento interanual.
A la habitual protesta de jubilados que tiene lugar cada miércoles por los recortes en sus haberes y que coincidió con la manifestación de los científicos del Conicet, se sumó el jueves un paro y movilización de prestadores de servicios de discapacidad, apoyados por las familias, mientras médicos residentes de uno de los centros pediátricos más emblemáticos de Argentina, el Hospital Garrahan, hicieron paro y marcharon también en un ambiente de descontento que abarca cada vez a más colectivos. (Sputnik)







