Desde Japón, una comodorense contó como se vive allí en la época del coronavirus

Adriana Edwards indicó que mucha gente se infectó por falta de información

De un lado de la pantalla, Comodoro Rivadavia, Argentina, 09 horas. Calurosa mañana. Del otro, Saitama, Japón. 21 horas. Fría noche. Adriana Edwards, comodorense que está viviendo en el país asiático, atendió este lunes la videollamada de La Posta Comodorense Radio y contó cómo se vive la crisis del coronavirus en el continente donde surgió la pandemia mundial.

El virus se originó en Wuhan, China, y rápidamente se esparció por todo el planeta tierra. Más de 1.400 casos y 28 muertes se han registrado en Japón como resultado del coronavirus.

Muchas personas se infectaron por falta de información. Hay distintos factores, pero el principal problema fue la información. Se supo primero en el círculo de gobierno y luego hubo un delay, ya que tiene que ver con la cultura general. Es un país donde tenemos muchos problemas críticos a nivel de desastres naturales, por lo tanto, toda información que pueda causar estrés social y pánico, primero se va filtra y, luego, se prepara a la población”, expresó Edwards con respecto a la tardanza de las medidas que tomó el gobierno japonés.

Saitama, ciudad donde habita la comodorense, se encuentra a 30 kilometros de Tokio, la capital. Edwards contó que en su localidad no se vio tan desesperada como en las grandes potencias, a pesar de que Saitama tiene más de un millón de habitantes.

El desabastecimiento se vio mucho en poblaciones grandes y con extranjeros: Tokio, Osaka y Yokohama. En ciudades más chicas no pasó. Hay un espíritu de comunidad que sólo vas a comprar lo que necesitás para ese día, porque se aprendió que el resto de la comunidad está en la misma situación. Es una mentalidad distinta. En Saitama no vi ninguna góndola vacía”, detalló a LPR.

La comodorense se encuentra en buen estado de salud y no presenta ningún síntoma. Asimismo, contó, distendida, qué hace para pasar el tiempo dentro del aislamiento y con quiénes vive. “Me la pasó en la cocina y tomando mate», dice en broma, ya que sigue  con «el laburo administrativo de la Universidad, que es enorme. Además de tener que cumplir con la tarea enviada por la escuela primera de  mi hijo a diario. Tenemos a la mamá de mi marido en el hospital, pero vive con nosotros. Nos dimos cuentas que era serio cuando suspendieron las clases de mi hijo de 10 años, porque acá nunca se suspenden”, sentenció.

La nota

 

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