No hay un solo Covid 19

Una aproximación a las dimensiones simbólicas del virus y sus representaciones sociales

UNA APROXIMACIÓN A LAS DIMENSIONES SIMBÓLICAS DEL COVID-19 (I): LAS REPRESENTACIONES SOCIALES

GIECS – GRUPO INTERDISCIPLINARIO DE ESTUDIOS DE CRISIS SOCIALES·SÁBADO, 16 DE MAYO DE 2020·TIEMPO DE LECTURA: 14 MINUTOS

  1. El SARS Cov2, más conocido como coronavirus, causante de la enfermedad COVID-19 (por el acrónimo en inglés: coronavirus disease 2019), es un microorganismo infeccioso y, a la vez, un campo semántico heterogéneo y dinámico, en tanto reúne diferentes significaciones. Es algo acerca de lo que se piensa, se habla, se actúa, se siente. Puede ser visto como un hecho social total, en términos del antropólogo Marcel Mauss, porque en él se expresan todo tipo de instituciones (políticas, sanitarias, educativas, religiosas, comunicacionales, económicas, etc.). También se pueden reconocer en él diferentes dimensiones, con distinto grado de especificidad. Así, dos de las más básicas, son la biológica y la simbólica.

En este escrito iniciaremos el abordaje de la dimensión social del COVID-19. Focalizaremos la atención en las diferentes representaciones de la epidemia y señalaremos algunos de los vínculos que la determinan socialmente. Por ende, nos posicionamos desde una contemplación activa que implica no solo mirar algo, sino especialmente decir sobre él y poner esas miradas en debate, con el fin de elaborar aquello que nos tensiona y así salir del estado de asombro para pasar al estado de acción y comprensión (como, entre otros, lo propone Hannah Arendt).

Ante el virus, somos extraños, y esa situación obliga a revisar concepciones acerca de relaciones de clase, de género o identidades sexuales, de creencias, de lugar y condiciones de nacimientos, de formación. Ante el virus, somos otros en el mundo, nos volvimos extraños en nuestra cotidianidad y nos exigimos nuevos modos de comprensión y de acción.

  1. Las representaciones sociales

Según el psicólogo social Serge Moscovici, las representaciones sociales emergen en situaciones de crisis como un modo de ordenar y entender la realidad. Son de carácter grupal y necesariamente dan una imagen simplificada del fenómeno representado. Emergen cuando se cumplen tres condiciones: a) la información es dispersa y desorganizada, b) socialmente se focaliza la atención sobre un acontecimiento novedoso, c) hay presión a la inferencia, es decir, nos sentimos compelidos a opinar.

Cada representación social responde a una urgencia de situacionalidad, a la necesidad de vincular eso que pasa allá lejos con lo que nos pasa aquí y ahora. Se elabora como un modo de controlar lo que es extraño, con sobrecarga de datos, de imágenes, de creencias y de muchas contradicciones. Se materializan en soportes multimodales, palabras, símbolos, iconos, imágenes. Le ponen rostro al COVID-19 y, con la fuerza de la repetición, lo presentan como algo concreto y casi familiar. No lo vemos, pero sabemos cómo es, qué apariencia tiene.

Las representaciones sociales surgen del mundo social, es decir, de una totalidad constituida por procesos culturales, económicos, políticos, etc. Son una forma de relacionarse con el mundo. Las categorías no solo generan imágenes, sino también forma de vincularnos con los otros. En este caso, condicionan concretamente nuestra vida cotidiana: las formas del trabajo, las relaciones familiares, el sentido del deber, el tiempo de ocio, la actividad sexual, la actividad deportiva, etc. Impregnan el sentido común y, a la vez, se nutren de él. Para reconocerlas y describirlas es necesario desnaturalizar la vida social, tomar distancia y tratar de reconocer como procesos objetivos fenómenos en los que también estamos involucrados.

  1. Un listado de representaciones sociales del COVID-19

Desde su aparición oficial, en enero de este año, el COVID-19 fue objeto de representaciones diversas y varias de ellas opuestas entre sí. Tal es la cantidad de información (de todo tipo) circulante al respecto que la OMS, antes que clasificarla como una pandemia, la pensó como una infodemia. Hacemos una enumeración que no pretende se exhaustiva:

-El COVID-19 es una enfermedad de origen zoonótico. El virus fue transmitido de un murciélago a un humano en Wuhan (posiblemente a través de un huésped intermedio, como el pangolín). Se trata de un proceso biológico e involuntario, potencialmente promovido por tradiciones culturales de China. Esta es la representación social más oficial a nivel mundial, respaldada por la OMS, entre otros organismos. Puede estar asociada a tres enfoques, uno específicamente biológico, otro xenofóbico y finalmente, el ecologista. El primero (consenso entre la comunidad científica internacional) sostiene que la biología comprende complejos procesos de interacción interespecie, así como de mutación de los virus. El segundo, vinculado al consumo de animales salvajes como alimento (la “sopa de murciélago” sería su versión más popularizada), refuerza una imagen degradante de la otredad, a partir de costumbres vistas como repugnantes e incomprensibles, capaces de generar pestes como estas y tal vez aún peores. E tercer enfoque, el ecológico, cuestiona el vínculo entre sociedad humana y naturaleza y se apunta a revisar los modos de producción y de alimentación a la luz de un desarrollo más equilibrado y justo para todas las especies.

-El COVID-19 es una enfermedad causada accidentalmente por una manipulación deficiente del virus en un laboratorio chino. Esta representación fue puesta en circulación como una hipótesis de investigación por los servicios de inteligencia norteamericanos. Si bien no parece haber pruebas serias que la respalden, cuenta con la fuerza comunicativa de la (todavía) principal potencia mundial. Es difícil no pensar que su difusión está vinculada con la disputa política y económica entre EEUU y China. En ese escenario, uno presenta una imagen negativa del otro.

-El COVID-19 es un ensayo de arma biológica a gran escala, un ejemplo del modo como las grandes potencias planifican las guerras en el futuro. Según esta representación, el virus fue manipulado por el ejército chino o llevado a Wuhan por el ejército norteamericano. Admite dos variantes: a) la pandemia fue un error porque solo se pretendía un ensayo en una población acotada y b) la pandemia fue desatada por el ejército norteamericano como parte de la guerra política y económica entre EEUU y China. Es una versión renovada del uso de enfermedades como modo de afectar al adversario en una idea de guerra ampliada, en la que la muerte de inocentes es aceptada como daño colateral.

-El COVID-19 es producto del mundo altamente tecnologizado. Las ondas electromagnéticas intoxican las células del cuerpo humano y provocan que estas liberen partículas que, en ciertos organismos, produciría la enfermedad. El riesgo de muerte se incrementa con la instalación masiva de la red 5G. Con brutal violencia, el virus nos plantea preguntas filosóficas fundamentales: ¿qué es la vida?, ¿qué es la muerte?, ¿qué es vivir bien?, ¿cuál es el sentido de la hipercomunicación? En un mundo en el que lo virtual forma parte de lo real y la adquisición de nuevas tecnologías es una importante pauta de consumo, se genera un rechazo radical, impulsado por la idea de que estamos atrapados en un mundo deshumanizado.

-El COVID-19 es un punto de inflexión para la economía y la política mundial.Provocará un cambio con varios desenlaces posibles: el abandono del neoliberalismo, la muerte del capitalismo, el fin del comunismo chino, el retorno a los nacionalismos, un giro hacia el socialismo, el ascenso de estados totalitarios, un mayor control biopolítico de los ciudadanos, un capitalismo que revise las funciones del Estado y las libertades civiles, un desastre social y económico que terminará debilitando a los estados nacionales y beneficiando a los grandes capitalistas. En cada escenario futuro, hay ganadores y perdedores, fuertes y débiles, centros y periferias. El futuro está construido sobre lógicas binarias.

-El COVID-19 es una enfermedad cuya gravedad es exagerada por gobiernos y medios de comunicación. Su tasa de mortalidad es inferior a otras enfermedades, a guerras y al hambre. Su importancia se debe principalmente a que atacó a Europa y a Estados Unidos. Si hubiera quedado restringida a China y a algunos otros países del Sur, la situación sería muy diferente. En las periferias, el dengue, la malaria, el mal de Chagas o el ébola son también epidemias graves y no generan una preocupación global como el coronavirus.

-El COVID-19 es un instrumento de los gobiernos (y los poderes detrás) diseñado para el control poblacional. Se ha mencionado como las exigencias planteadas por el FMI y otros organismos a las naciones. Respecto a la reducción de gastos en pensiones y salud, corresponde a los sectores más vulnerables frente a la pandemia. Además, afecta a los sectores más empobrecidos de la sociedad. Actúa como un arma selectiva que eliminaría a aquellos indeseables de los sistemas económicos mundiales: ancianos, pobres, afroamericanos en EEUU… Los débiles, en fin.

-El COVID-19 es un problema exagerado por los medios, los gobiernos y los académicos.Puede producir cambios culturales y económicos a corto plazo, pero, a la larga, todo volverá a ser como antes. El capitalismo saldrá reforzado, EEUU y China continuarán su guerra política y económica, las estructuras de clase no variarán, como tampoco los modos de vida de las personas. Esta representación también permite pensar que la pandemia es utilizada como una cortina de humo para tapar los verdaderos problemas de los Estados o para disimular las crisis de sus gobiernos.

-El COVID-19 es una excusa para disciplinar la sociedad mediante el miedo y la militarización de la vida. Sirve para legitimar la autoridad del estado, para reforzar hábitos de consumo y para enfatizar el individualismo y el egoísmo, para generar más exclusión y aislamiento social.

-El COVID-19 es un castigo a la humanidad. Esta representación admite dos variantes, la religiosa y la ecologista. Según la primera, Dios castiga a la humanidad por sus pecados (homosexualidad, aborto, eutanasia, etc.), como si fuera una plaga de Egipto. Según la segunda, el planeta castiga a los seres humanos por su modo de vida consumista, contaminante y depredador de la naturaleza. En las dos imágenes, la humanidad parece poseer una minoridad de edad, un algo superior no ubica y enseña, nos muestra el buen camino. Subyace a ambas la idea de una pureza reñida con lo que la humanidad es.

-El COVID-19 es un enemigo invisible al que se debe combatir como patria. El encierro es el modo de pelear y el aislamiento la estrategia colectiva para contraatacar. Se apela a una retórica belicista, se pone como ejemplo héroes de bronce y se valora la acción de los héroes actuales: principalmente, el personal de sanidad que atiende los casos de la enfermedad. El discurso ensambla situaciones pasadas y situaciones extraordinarias: ante las tragedias y pérdidas colectivas, resurge la Patria, ese destino glorioso que compartimos como una herencia y como un deber.

-El COVID-19 genera una crisis que tiene un lado positivo: la oportunidad de construir una sociedad más humana y solidaria. La pandemia afectó a países ricos y pobres y a diferentes clases sociales. La cuarentena y la responsabilidad social del cuidado propio propician la reflexión acerca de la importancia de los vínculos interpersonales, a la vez que nos permiten diferenciar lo importante de lo accesorio en nuestra forma de vida. Las grandes crisis son espacios de reflexiones y de volver a posicionar lo que cada uno considera importante: un iPOD o unos mates con la familia, con los amigos. Entonces, tenemos la oportunidad de redescrubrirnos, de construir nuevas subjetividades.

-El COVID-19 es principalmente un problema político. A medida que transcurre la cuarentena en el país, el sistema de medios de comunicación empieza a presentar la pandemia y las medidas de prevención correspondientes como un conflicto propio del campo político. Se descubren e interpretan posibles tensiones entre el gobierno nacional y los gobiernos provinciales, entre oficialismo y oposición, entre Argentina y Brasil o Chile, etc. Todo termina siendo una disputa de bandos y de especulaciones electoralistas, modos de ganar legitimidad.

-El COVID-19 es una tregua para la naturaleza. La cuarentena y la disminución de actividades públicas, comerciales e industriales en gran parte del mundo son relacionadas con una revitalización del mundo natural: los animales salvajes invaden los centros urbanos, se cierran agujeros en la capa de ozono, el aire contaminado se vuelve más puro. Se abre la puerta para un análisis global acerca de los modos de producción y la sustentabilidad de la vida.

-El COVID-19 es una crisis que expone de manera dramática las injusticias sociales.Por un lado, la pandemia confirma las diferencias de clases. Los obreros y excluidos tienen menos recursos que la burguesía y el empresariado para organizar y mantener las acciones de prevención. Es un fenómeno que ratifica la vigencia de la lucha de clases. Por otro lado, evidencia la brutalidad del patriarcado. La violencia de género no entra en cuarentena: al contrario, obliga a la víctima a convivir con su agresor. Para muchas mujeres, el riesgo al contagio es mucho menos peligroso que el riesgo de femicidio.

Esta enumeración de representaciones del COVID-19 también es una simplificación y una idealización. Hay representaciones que presentan rasgos que acá se presentan desagregados. También hay personas y grupos que cambian la adhesión y pasan de una representación a otra.

  1. Circulación y valoraciones

La difusión de estas representaciones sociales del COVID-19 está promovida por los medios de comunicación y las redes sociales. A partir de la información oficial y no oficial, a partir de nuestras expectativas, nuestros valores y nuestros prejuicios, nos inclinamos por una u otra. Y, en la época de la posverdad y de la sospecha generalizada, es difícil una evaluación seria. El discurso médico que es reivindicado en la televisión es denostado en las redes sociales, acusado de engañar, ya sea porque magnifica el daño del coronavirus o porque lo minimiza. Las diferencias de opiniones entre expertos no son vistas como parte del estado de crítica propio de la ciencia sino como un indicio de ignorancia y de confusión, de charlatanería de los científicos.

En muchos sectores de la población, el riesgo de contagio es valorado a la luz de un sentido común que puede otorgar más validez a la palabra de un político que a la de un médico. Pensemos en la peligrosa influencia de Bolsonaro boicoteando la cuarentena o la de Trump aconsejando usar desinfectante. El prestigio político termina convertido en autoridad sanitaria.

Estas simplificaciones alimentan la circulación de teorías conspirativas, propuestas como antisistemas, anticapitalistas, etc., y que vinculan de manera forzada la pandemia con luchas sociales como las ambientales (el rechazo del fracking y la megaminería, por ejemplo). O la propagación del virus como parte de un plan de enriquecimiento de las empresas de la industria farmacéutica, que estarían esperando el momento oportuno para vender la vacuna.

A la vez, en los medios de comunicación, las representaciones del COVID-19 son sometidas a la lógica de la agenda. De la espectacularización de las muertes y del discurso del “Sálvense quien pueda”, se pasa al debate de cuestiones legales y administrativas, al pago de subsidios y a modo de atención de ciudadanos y clientes. Los agentes de salud, que inicialmente eran propuestos como figuras sacrificiales (negando sus condiciones de explotación), ahora están invisibilizados. El heroísmo dejó de ser noticia. Nadie se acuerda del portero que fue golpeado por un personal trainerque había vuelto de Estados Unidos y se negaba a realizar la cuarentena. Hoy es más importante entrevistar a un intendente o a un comerciante que a un enfermero o un médico de guardia. La noticiabilidad es algo dinámico.

Si los medios de comunicación reflejan la realidad, la realidad es bastante injusta. Pero, claro, los medios no solo la reflejan, sino que también la construyen.

  1. Ideas finales

Según las principales autoridades científicas, el COVID-19 es un producto de generación espontánea y no de un complot militar. Aparentemente, su estudio biológico y clínico avanza rigurosamente. No es tan claro qué está sucediendo socialmente. Sin caer en el marco de teorías conspirativas, es válido suponer que haya grupos políticos que estén analizando esta situación como si fuera un experimento, para evaluar cambio de conductas, consumo de noticias, uso de redes sociales, cambios en la imagen pública de líderes, continuidad o discontinuidad de movilizaciones sociales. En este sentido, deberíamos estar atentos a la posibilidad de emergencia de modelos societales autoritarios.

El COVID-19 se presenta como una urgencia a la cual hay que responder con rapidez y eficacia, aceptando las restricciones que sean necesarias (o que imponga el Estado). El desafío es trascender ese conjunto de restricciones y de representaciones sociales contradictorias entre sí, para reconceptualizar las prácticas sociales, económicas y políticas, en lugar de ponerlas entre paréntesis. Que el virus no sea el árbol que tape el bosque.

Finalmente, enfatizamos la idea de que no hay un solo COVID-19, sino muchos, distintas caras de un diamante facetado. Las experiencias y percepciones son diversas, casi a medida de cada grupo, para promover cierta idea de orden y de causalidad. Pero, detrás de todo, hay un solo proceso, único y complejo, político, económico y social. El mundo en que vivimos.

 

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